Ahora bien, hemos presentado dos interpretaciones coherentes del evangelio bíblico, las cuales se presentan en evidente y mutua oposición. La diferencia entre ellas no es una de énfasis primordialmente, sino más bien de contenido. La una proclama a un Dios que salva; la otra habla de un Dios que hace posible para el hombre salvarse a sí mismo.

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