Existen dos clases de siervos:

1) Los que no tienen la gracia de Dios. Estos dicen que Jesús es su Señor, pero no le obedecen. Creen en el retorno del Señor o en el fin, pero lo ven distante, por ello viven solo para sí, para satisfacer sus propios intereses. Sus lámparas permanecen sin aceite, sus talentos enterrados, son completamente secos en la verdadera misericordia.

2) Los que tienen la gracia de Dios. Entienden lo que significa ser siervos. No se creen amos. No están en el plan de exigir “derechos” y sí de cumplir deberes. Aun cuando a perfección cumplen lo ordenado, no se glorían, más bien con humildad dicen: “siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”

(Lc. 6:46; Mt. 24-25; Lc. 17:7-10)

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