Un hijo que pecó contra su padre se acerca a él en busca de perdón. El padre le dice: “hijo, te perdono” Al otro día el hijo vuelve a su padre y le pide perdón por el pecado de hace un día. El papá le dice: “hijo, ayer te perdoné” Al otro día el hijo nuevamente va a su padre en busca de perdón por el mismo pecado de hace dos días. El padre con tono firme le dice: “Joven, ¿estás dudando de mi palabra? ¿No crees que cuando te dije que te perdonaba, te perdoné?” Está simple historia representa a muchos que habiendo nacido de nuevo, recordando sus pecados confesados, especialmente los que le causan más vergüenza, piden perdón a Dios una y otra vez a lo largo de los años por los mismos pecados. ¿No creen que Dios les perdonó? Si Cristo cargó todas nuestras abominaciones y recibió el castigo por ello, Dios usa la figura de enterrar todas nuestras abominaciones en el fondo del mar para indicar que ya no existen. Él ya no se acuerda más de ellas. (Miq. 7:9; Is. 43:25; Heb. 10:14-17)

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