Creer que necesariamente yo estoy bien con Dios, porque todo cuanto le pido para vivir en esta tierra, Él me lo concede (salud, dinero, seguridad física, etc.), es un error. Muchas personas que aborrecen a Dios, incluso son más prósperas que los que aman a Dios. Lo que garantiza y evidencia mi verdadera comunión con Dios es cuando Él produce en mí el arrepentimiento y la conversión a Cristo, lo cual trae como resultado una vida de santidad. (Sal. 73; Mt. 5; 45; Lc. 16:19-32; 17:11-19; Hch. 9; 2 Co. 5:17; Fil. 1:6)

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