"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" Mateo 5:6

Los seres humanos no somos solamente cuerpo, también somos alma. Las dos partes necesitan ser alimentadas. Dios colocó en el cuerpo un mecanismo que es activado cuando necesita de alimento. La persona siente deseo de alimentarse (hambre y sed). Si esto no pasara, el cuerpo perecería. En el caso del alma, ¿hay también una necesidad, como el cuerpo?

1. Los hombres que aun no conocen a Dios, no sienten hambre ni sed de justicia. Por estar muertos en sus delitos y pecados, aunque no poseen paz, sienten repudio por el alimento que les puede dar esa paz. Normalmente ellos se consideran justos, buenos, o no tan malos como para que Dios los condene; otros no miran el pecado como algo tan malo; otros hasta se sienten orgullosos de ser malos; otros consideran que no hay pecado, etc. Ellos en realidad sienten es hambre y sed de hacer lo malo y no lo justo. Puedes leer Is. 57:21, Jn. 5:40, Lc. 18:9-12, Sal. 36:1-4.

2. Las únicas personas que sienten hambre y sed de justicia son los que han nacido de nuevo.

a. Cuando el Espíritu Santo, por medio de su Palabra, da vida nueva a una persona, ésta se da cuenta de que no es justa, que no puede presentarse delante del Señor y decirle: "Señor, por mis obras merezco entrar en tu reino". La persona sabe que sus mejores obras son como trapos de inmundicia (Is. 64:6) y que por las obras ningún hombre será declarado justo o inocente delante de Dios (Ro. 3:20). Por el contrario, se da cuenta de que es el primero de los pecadores (1Ti. 1:15) y que para colmo de males, lo único que Dios acepta por cada uno de sus pecados es la condenación eterna (Ro. 6:23ª; Ap. 21:8). Su alma, entonces, es llevada a sentir esa hambre y esa sed de justicia. Allí es cuando el hombre se humilla delante de Dios, pidiendo misericordia y es allí también cuando Dios hace a esta persona justa, lo sacia (Lc. 18:13-14), colocando la justicia de su Hijo en su favor, pues de ninguna otra manera se puede ser declarado justo o inocente delante de Dios (Ro. 3:20-25).

b. Estas personas que han sido justificadas, son conducidas por Dios a querer y buscar vivir justamente, a querer y dar a los demás lo que Dios dice que es justo. Sienten hambre y sed de las siguientes cosas:

    • Darle, en verdad, a Dios el primer lugar. A amarlo más que a todo y a todos, más que a sus propias vidas. Lee Lc. 14:26-27.
    • Ser santos, como su Maestro. Sufren terriblemente cuando pecan. Lee 1 P. 1:16, Ro. 7:23-25.
    • Darle preferencia a sus hermanos en Cristo. Lee Ro. 12:10.
    • Dar al prójimo lo mejor. Lee Fil. 2:4.
    • Amar a sus enemigos. Lee Mt. 5:44; Ro. 12:20-21.

Estas personas pueden ver cómo diariamente Dios los perfecciona (los va saciando de esa hambre y sed que tienen de justicia) ¿y cómo experimentan ellos esto? Ellos quieren saber cómo pueden ser cada vez más justos, por ello escudriñan diariamente las Escrituras y oran para que Dios opere en sus vidas tal como dice la Biblia, y en el momento de actuar se esfuerzan para llevar todo a la práctica. No son solamente oidores de la Palabra, son hacedores de ella. Lee Fil. 1:6, 2:12-13.

Exortación final
¿Crees que eres justo por tus obras, o crees que eres justo porque la justicia de Cristo fue imputada a tu favor? ¿Tienes en tu corazón ese deseo profundo y buscas darle a cada uno lo que es justo tal como Dios dice en su Palabra? Tu respuesta indicará si tienes, o no, hambre y sed de justicia, y a su vez mostrará el camino por donde andas. Lee Jn. 14:23-24.


 

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