Los médicos dicen que cuando una persona sufre un pre infarto, una parte del músculo cardíaco muere. De la misma forma, cuando tenemos ataques de ira perdemos algo muy valioso, porque con ira nadie opera justamente. En un solo segundo destruimos lo que durante toda una vida construimos, nos volvemos homicidas, alejamos para siempre personas valiosas, cerramos las puertas del bien y abrimos las puertas de la miseria, etc. Existen muchas cosas en nuestros corazones que lo producen: el orgullo, la soberbia, la incredulidad, la codicia, la envidia, etc. Nadie está exento de sufrir estos ataques, ni aun los más mansos de la tierra. (Stg. 1:10; Gn. 4:3-7; Ex. 14:9-12; Nm. 11:4-6 con Sal. 78:29-31; 1 S. 18:6-11; Nm. 12:3 con Nm. 20:1-13)

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