2. Algunos ejemplos de personas que anduvieron como sabios en relación con Dios
Algunos de los casos ya los hemos tratado, aun así el recordar su dependencia de Dios nos enriquece, nos anima y nos hace ver que por la gracia de Dios podremos todos ser sabios en nuestra relación con Dios.

a. Enoc. Las Escrituras afirman que él caminó con Dios y esto significa que éste patriarca agradó a Dios, estuvo de acuerdo con lo indicado por Dios. El Señor no va a caminar con quien no esté de acuerdo con Él (Am. 3:3) Es posible que, como acontece con todo aquel que quiere vivir piadosamente, su generación le criticaba y le condenaba por ser tan radical en el querer agradar a Dios, pero nada ni nadie lo hacía desistir de agradar a Dios antes que a los hombres. Él sabía lo que le esperaba a los que no caminaran con Dios. (Gn. 5:22-24; He. 11:5-6; Jd. 14-15)

b. José. Cuando fue tentado para cometer adulterio, dijo: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” Aunque luego fue acorralado para que lo hiciera, para no pecar contra Dios y mantener su relación con Dios limpia, huyó. (Gn. 39:9,12)

c. Samuel. En su tierna de infancia y en su juventud tuvo los peores ejemplos. Los hijos de Elí, aunque sacerdotes, eran supremamente impíos, eran piedra de tropiezo para este pequeño que confiaba en Dios, pero Samuel no siguió sus caminos. Las Escrituras dicen que él: “iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres” (1 S. 2:26)

d. Daniel. Cuando fue llevado cautivo a Babilonia, podría tener la excusa de tener que obedecer a los caldeos en sus impías órdenes por el peligro de perder su vida, pero las Escrituras dicen que: “Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Dn. 1:8) Y cuando ya era viejo, ante la prohibición de adorar a Dios, ya que si lo hiciera sería lanzado al foso de los leones, estimó en poco el decreto, dice la Biblia: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de Dios, como lo solía hacer antes” (Dn. 6:10)

e. Sadrac, Mesac y Abed-Nego. Estos fieles amigos de Daniel, cuando todos los dignatarios se postraron ante la estatua del rey Nabucodonosor por miedo a ser lanzados al horno de fuego, permanecieron en pié. Al ser retados de nuevo por el rey, ellos dijeron: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dn. 3:17-19)

f. Juan el bautista. Este fue un nazareo que desde el vientre de su madre hasta que murió no manchó su voto. Su vida fue única. Fue catalogado por Cristo como el mayor de todos los profetas. Cuando fue tentado a sentir envidia por el crecimiento de la fama de Cristo y la disminución de la de él, se alegró porque esto fuera así, dijo: “…este mi gozo está cumplido. Es necesario que Él crezca, pero que yo mengue” (Jn. 3:26-30)

g. Pablo. Consideró todo lo terrenal como basura. Desde que conoció al Señor, renunció completamente a la búsqueda de poder, fama, sabiduría terrena. Su objetivo fue el conocimiento de Cristo. No buscó agradarse a sí mismo ni a los demás, solo a Dios, dijo: “Pues, busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios. O trato de agradar a los hombres. Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gál. 1:10)

Hermanos, la fama de estos hombres en la iglesia se debe a que ellos sinceramente buscaron ser sabios en su relación con Dios. Para ellos Dios era su todo, lo terrenal no tenía valor, sí lo celestial, “por ello Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (He. 11:16)

 

Preguntas de reflexión. Después de leer sobre nuestra posición delante de Dios y mirar algo de los que comprendieron y aplicaron dicha posición:

¿Nuestra relación con Dios se asemeja a la de los hermanos en mención?
R:______________________________

¿Qué cosas están empañado tu relación sabia con Dios?
R: ______________________________

¿Crees que puedes llegar a ser como uno de ellos?
R: ______________________________

¿Estás dispuesto desde ahora a buscar tener una sabia relación con el Señor?
R: ______________________________

Y Yo os digo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá” (Lc. 11:9-10)

Volver