"Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo" Sal. 55:22

Introducción

En una tarde de mucho calor una viejita caminaba por una carretera, con un pesado canasto de yuca. De repente apareció un señor conduciendo una camioneta, y al ver la viejita fue movido a misericordia. Paró y ayudó a la viejita para que subiera en la parte trasera de la camioneta. Después de un tiempo el conductor miró por el espejo retrovisor interno del carro, y observó que la viejita tenía nuevamente colgado el canasto de yuca y haciendo un esfuerzo impresionante para sostenerse en pie. Por la forma en que vivimos segundo a segundo muchos de los que nos identificamos como estando en Cristo, ¿no será que nos parecemos a la viejita, que después de haber descargado la carga en Cristo la volvemos a tomar? ¿Por qué acontece esto? ¿Cuál es la clave para que esto no acontezca?

 

1. Las pruebas traen en si las cargas. En tanto que estemos en esta tierra en cada segundo tenemos que enfrentar pruebas y más pruebas. No existe un solo rincón en que estas no se presenten ni existe forma de evitarlas. Jn. 16:33

2. En cada prueba se presentan dos maneras de enfrentarla.

a. Celestialmente. Es la forma como Dios en su palabra nos dice que debemos enfrentar la prueba. 1 Co. 10:13

b. Carnalmente. Siempre, para cada prueba existe una tentación, que es la "solución" que la carne, el mundo y Satanás nos sugiere para pasar la prueba. Siempre esta tentación se presenta como la forma más conveniente y en apariencia más fácil. También, procura cerrar todas las puertas para que no percibamos las consecuencias funestas, o si no las cierra las hace ver como irreales o inofensivas. También hace ver como absurda e inconveniente la forma como Dios dice que se debe enfrentar la prueba. Se cae con frecuencia en las tentaciones porque, aparte de las "ventajas" que mencionamos que ofrece, produce placer a los sentidos. Cuando Dios nos condujo a Jesús, Él quitó de nosotros la impresionante carga de pecados, pero cuando entramos en tentación para enfrentar la prueba nos asemejamos a la viejita que aumentó el problema cuando nuevamente cargo el canasto de yuca. Gal. 5:16-17; 1 Jn. 2:16; 2 Co. 2:11

3. Algunos ejemplos que la Biblia describe para nuestra instrucción.

a. Cuando Abram descendió a Egipto. En Gn. 12 Se informa que estando ya el patriarca en la tierra prometida se presentó una hambruna. Dios le había demostrado su providencia tanto antes de salir del lejano oriente como durante todo el viaje. La forma de Dios era esperar en Él porque le había comprobado que no lo dejaría ni lo desampararía. La tentación le mostraba a Egipto con su despensa llena de comida, seguramente le mostró que si se quedaba en la tierra prometida padecería necesidades juntamente con los suyos. Pero el precio era alto, obligó a su esposa a mentir, la expuso al adulterio e hizo que se menospreciara al Dios en el cual Abram creía. La tentación nos conduce a fiar en lo que vemos y no en lo que Dios tiene guardado, pero que no vemos.

b. Josué y los Gabaonitas. Dios había ordenado un exterminio total de los habitantes de Canaam porque su maldad había llegado al colmo. Si los israelitas dejaban vivos a esas personas, que estaban bajo el juicio de Dios, estos les servirían de piedra de tropiezo al pueblo de Dios. Jos. 9 registra que los gabaonitas sabiendo esto enviaron una embajada, pero no diciendo que eran habitantes de ese lugar sino pertenecientes a una nación de lejanas tierras, para ello provisionaron a los embajadores de cosas viejas y añejas que aparentarían venir de un lugar muy distante de muchos días de camino. La forma divina de enfrentar esta prueba era consultando a Dios sobre la veracidad de lo que estaban viendo y escuchando de los gabaonitas. La tentación era dejarse guiar por las evidencias. La tentación les mostraba que no había por qué dudar, todo era muy claro. Josué y los líderes celebraron el pacto de paz. Y lógicamente estos hombres serían más tarde tropiezo para Israel. La tentación nos conduce a confiar en las evidencias y nos oculta lo falso que puede haber detrás de ellas.

c. Uza y el arca de la alianza. En 2 S. 6:1-11 David procura llevar el arca de la alianza a Jerusalén como parte de su consolidación como rey de Israel. Esto no solo aseguraría la aprobación del pueblo, con la cual ya contaba, más también con el apoyo de Dios sin la cual su reino no sería sólido. La forma divina de enfrentar la prueba era llamando a los hijos de Coat para que colocando las varas en los anillos del arca, la cual debería estar correctamente cubierta, esta fuera transportada sin ser tocada (Ex. 25:12-15; Nm. 3:30-31; 4:15;7:9). La tentación indicaba cargarla hasta Jerusalén de cualquier forma, el fin justificando los medios. David, por ignorancia o no, transporta el arca en un carro jalado por bueyes. En cierto punto, por el obvio movimiento del carro, por el temor de que el arca cayera, Uza, basado en sus sentimientos y no en la verdad, extendió la mano para sostenerla, esto le costó la vida. La tentación apela a nuestros "buenos sentimientos" para que violemos la Palabra de Dios.

d. El profeta joven y el profeta viejo. En 1 R. 13 la Biblia dice que Dios envió un joven profeta de Judá para que viajara hasta Betel y profetizara contra la religión falsa fundada por Jeroboam. El profeta recibió la orden explicita de no comer ni beber en ese lugar ni regresar por el mismo camino. La forma divina de enfrentar la prueba era esperar hasta llegar a territorio judío para poder alimentarse nuevamente. La tentación era suplir esa necesidad física en ese territorio. Inicialmente la tentación carnal no tuvo éxito, pues el profeta se negó rotundamente a recibir algo de rey, pero luego cuando se presentó un profeta anciano diciendo que un ángel le había hablado de llevarlo a casa para dar de comer, el joven profeta olvidó que Dios no muda y accedió a la oferta. Esto le costó la vida. La tentación nos conduce a confiar en el hombre y en sus apariencias de piedad.

Existen muchos ejemplos en la Biblia donde siervos de Dios caen en tentación, las cuales Dios registró para que no cayésemos en ellas. Aun así, vemos, por las reacciones pecaminosas en pruebas grandes y pequeñas que diariamente vivimos, que somos peores que ellos. Esto lo vemos en la forma como nos relacionamos familiarmente y socialmente, como manejamos un negocio o un empleo, como actuamos frente a una agresión o a una insinuación, etc. Si siendo cristianos no tenemos presente a Dios en cada acción, es decir, si no actuamos temiendo a su palabra (Is. 66:2), terminamos actuando igual al mundo, cargando nuevamente la maleta.

4. Qué hacer ante esta triste realidad.

a. Creer que para todo caso Dios presenta una salida. Es cierto esto, pero no pensemos que Dios va a honrar nuestra ignorancia si no nos preparamos para las pruebas venideras. Es necesario invertir diariamente tiempo suficiente para ser alimentados por Cristo por medio de su Palabra y de esta forma conocer lo que Dios dice con relación a cada situación. No hay duda que esta sabiduría será la que Dios use en el momento de la prueba. La ignorancia bíblica siempre conducirá a que nos guiemos por nuestra propia prudencia o a confiar en otros. 1 Co. 10:13; Pr. 19:2; 3:5-6; Jer. 17:5-6

b. Saber que hacer no es suficiente. La mayoría de los siervos que registra la Biblia que cayeron en tentación sabían lo que Dios decía, sabían qué tenían que hacer, pero se olvidaron de velar y orar. Este trabajo se debe hacer con antelación para que cuando se presente la prueba estemos lo suficientemente preparados para enfrentarla como Dios ordena. Mt. 26:41

c. Entregar inmediatamente la carga de la prueba a Dios y resistir a la tentación. No debemos tratar de coger la carga, debemos entregársela instantáneamente a Dios, y al mismo tiempo, ante las insinuaciones de la carne para que aceptemos sus propuestas no debemos hacerle caso, así nos duela hasta los tuétanos, esta es una forma de golpear la carne. 1 Co. 9:27

d. Creer que Dios, mínimo, nos dará descanso y paz. Es posible que la prueba no pase rápidamente. En muchos casos el Señor no solo la deja días, puede dejarla meses años o el resto de la vida, pero Él garantiza paz en medio de la tormenta. Mt. 11:28-30; Fil. 4:6-8; 2 Co. 12:1-10

5. Razones para creer que Dios va a actuar.

a. Porque Dios es fiel. Las promesas, como ya sabemos, son en Él el sí y el amén. 2 Co. 1:20

b. Porque el pueblo de Dios cuenta con un sumo sacerdote rogando por ellos. Jesucristo hizo todo para que su pueblo tuviera la garantía de estar siempre delante de su Dios. Él, que pasó por todas las pruebas que nosotros pasamos, pero sin pecado, se puede compadecer de nosotros. De ahí que cada hijo de Dios puede y deba acercarse con toda confianza al trono de la gracia para encontrar oportuno socorro. Heb. 4:14-16


"Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado" Is. 26:3


 

 

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