DosTiposDeTemor

Desde el punto de vista espiritual, se puede hablar del temor mundano y del temor de Dios. (Foto: flickr/briana.lehman)

Desde el punto de vista biológico, el temor es un mecanismo de defensa que conduce a reaccionar ante aquello que se considera puede hacer daño. En el lenguaje común se le conoce como miedo. Ejemplos bíblicos de ese temor son: a) cuando Moisés huyó de la serpiente. Ex. 4:3, b) cuando el asna que llevaba a Balaam evadía al ángel. Nm. 22:21-27

Desde el punto de vista espiritual, se puede hablar del temor mundano y del temor de Dios.

En cuanto al temor mundano podemos decir que desde la caída de Adán todo ser humano viene con un corazón perverso, en el cual se encuentra un pecado llamado cobardía. Por esa cobardía, o temor mundano, los seres humanos sentimos temor de dos cosas:

1) De lo que no deberíamos temer:

Temor o miedo a los ídolos o a las religiones falsas. Toda religión falsa adora a un dios o dioses inexistentes. Sus seguidores pueden incluso usar los mismos nombres del Dios verdadero, pero sus enseñanzas contradicen el contexto bíblico. Tales religiones tienen la triste habilidad de atraer personas mediante ofrecimientos que el ser humano desea en su carne. Pero tan pronto están en sus garras, les siembra miedo, diciéndoles, por ejemplo: “si usted se sale de esta religión se condena, pero si permanece se salva.” En la época de la primera venida de Cristo, el sistema religioso falso, el cual se hacía ver como el verdadero, para sembrar terror, decretó expulsar (excomulgar) de la sinagoga a todo aquel que confesara que Jesús era el Mesías. Esto para los israelitas era lo mismo que separarlos de la comunión con Dios. (Jn. 9:21-23)

Miedo motivado por el ocultismo. La brujería ejerce una influencia muy grande en la región donde vivo, podríamos decir que es la religión principal, y esto así las personas digan con sus labios que pertenecen a otra religión. Las personas son esclavas de agüeros y creencias metafísicas. Las puede usted ver riendo, pero por dentro están llenos de miedo estimulado por la brujería. Por tanto, es común pensar cosas como las siguientes: “No guarde los limones en la nevera porque el palo se seca”, “No coma tal pescado porque los espíritus lo pueden matar”, “Cuando caiga un rayo, muérdase la uña para que no se le blanquee”, “No coma eso, no toque eso... la maldición le vendrá”. Esta fue una de las causas de la destrucción de los pueblos cananeos, razón por la cual Dios le ordenó a Israel no practicar el ocultismo. (Dt. 18:10-14)

Miedo a los hombres. Por defender cualquier interés carnal, la persona termina cediendo a lo que los otros quieren, terminan mintiendo y despreciando a Dios. Como por ejemplo:
- Saul. Cuando Dios le ordenó destruir al perverso pueblo amalecita juntamente con lo que tenía, y él dejó vivo mucho ganado, por miedo a sus soldados. Por tal pecado fue desechado como rey. (1 Sm. 15:21-23)
- Los que se avergüenzan de Cristo delante de los hombres. Estos no testifican de Cristo por miedo a ser rechazados, no hacen la voluntad de Dios por miedo a perder algo. (Mt. 10:31-33)
- Los que abandonan su “piedad” cuando viene la prueba. Muchos piensan que al seguir a Cristo las dificultades desaparecerán, pero Dios hace todo lo contrario, los prueba. Es ahí donde se sabe quién en verdad tiene a Cristo y quien no. Los que no son de Él vuelven al mundo, porque cuando por causa de Jesús sufren pérdidas, se burlan de ellos, son rechazados, insultados, agredidos, incluso amenazados hasta de muerte, su cobardía les hace desistir. (Mt. 13:20-21)
- Pedro, cuando fue confrontado acusándosele de ser seguidor de Jesús, su temor carnal lo condujo a mentir y perjurar. Por esto le tocó llorar amargamente. (Mt. 26:69-75)

2) Del castigo de Dios:

- Las personas que son esclavas del temor mundano sí sienten miedo del castigo de Dios, aunque muchos lo nieguen, pero lo triste del caso es que dicho temor no los conduce a un arrepentimiento y conversión genuina, solo sienten pavor. Este fue el miedo que Félix experimentó cuando Pablo le habló del juicio de Dios. (Hch. 24:24-25)
- Toda persona que no tiene a Cristo, debido a que carece de la paz de Dios, es víctima del temor mundano. Solo hay que preguntarle: “¿Qué acontecería si usted muriera en este instante?” (Is. 57:20-21; Gn. 3:8,10; Sal. 53:5; Is. 2:19; Lc. 21:26; Heb. 10:17; Pr. 28:1)

La persona que muere siendo esclava del temor mundano será condenada por Dios, para siempre, por su cobardía y en la eternidad será el lloro y el crujir de dientes. (Ap. 21:8; Mt. 22:13)

El segundo temor desde el punto de vista espiritual es el temor de Dios.
“A Jehová de los ejércitos, a Él santificad; sea Él vuestro temor, y Él sea vuestro miedo” Is. 8:13
Este temor es la virtud colocada por Dios en el corazón de una persona que nace de nuevo, para que no se separe del Señor y pueda gozar de su favor. (Jer. 32:29-30) Evidencias de la presencia del temor de Dios. Algunas de ellas son:

Aborrecimiento del mal. No es solo experimentar rechazo intelectual por el pecado, es abstenerse de todo cuanto Dios dice que es pecado porque es ofensivo a su santo nombre. Por ejemplo: José, cuando fue tentado a cometer adulterio. (Pr. 8:13; 16:6; Gn. 39:7-12)

Actuar con sabiduría de lo alto. No es actuar pretendiendo servir al Señor con los sentimientos, con la propia prudencia. La persona puede tener los mejores deseos de agradar a Dios, pero si lo que hace no es como Dios lo ordena, no solo es falta de temor, sino que puede ser fatal. (2 Sm. 6:6-7; Nm. 4:15) Entonces actuar con sabiduría de lo alto es hacer lo que Dios dice, de la manera que Él lo dice y con el propósito que Él quiere. Es actuar sin añadir ni quitar a lo que Él dice en sus Escrituras. (Job. 28:28; Stg. 3:13-18; Pr. 30:5-6; 1 Co. 4:6; Ap. 22:18-19) Por ejemplo: Noé, cuando se le anunció sobre el diluvio y se le ordenó construir el arca, él hizo exactamente como Dios le dijo. (Gn. 6:22; Heb. 11:7)

Sujeción al señorio de Dios. Reconocer a Dios como Señor con los labios, pero no obedecerle, no es tener temor de Dios, es burlarse de Él. Por tanto, cuando alguien tiene a Dios como Señor, tal persona deja de gobernarse a sí misma, abandona todo aquello que tuvo como señor en su vida. Ahora solo Dios es su amo, es a Él a la única persona a la que está dispuesta a agradar. Lo que la persona piense no tiene valor, la única voz que tiene valor y suprema autoridad es la de Dios. Él sabe que la manera cierta de honrar y respetar profundamente a Dios es actuando fielmente como siervo. Tal siervo solo va a querer agradar a otras personas en aquello que es justo y de edificación, y solo se sujeta a las personas que Dios dice y en las condiciones que Él dice. Por ejemplo: Daniel, quien fue un siervo que procuró agradar a Dios en todo. Como parte de su servicio a Dios se sujetó a los reyes en todo aquello que no implicaba pecar, pero cuando recibió la orden de dejar de adorar a Dios y adorar al rey, prefirió sufrir la muerte antes que desobedecer a su Señor profanando el primer mandamiento de la ley de Dios. (1 P. 2:11-17; Mal. 1:6; Lc. 6:46; Mt. 7:21-23; Dn. 6; Ex. 20:3)

Miedo. Muchos piensan que el temor de Dios no incluye el miedo, pero en las Escrituras lo vemos como parte del temor de Dios. Dios siembra en sus hijos el creer que sus juicios son ciertos, que Él no tiene por inocente al culpable, que horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo, porque Él es fuego consumidor. Por ejemplo: la muerte de los hijos de Aarón por presentar fuego extraño; o Isaías, temiendo ser muerto cuando Dios se presentó en el templo de Jerusalén; también está el terror de Pedro y de los otros discípulos el día de la pesca milagrosa; otro ejemplo es la muerte de Ananías y Safira, cuando dejaron que Satanás les hiciera mentir al Espíritu Santo; por último, el terror de Juan cuando Cristo se le presentó en la isla de Patmos. (Ap. 15:1-4; Heb. 10:31; 12:29; Nm. 14:18; Lv. 10:1-3; Is. 6:1-5; Mt. 10:28; Hch. 5; Ap. 1:9-17)

Amor a Dios por encima de todo amor. Dios hace que sus hijos, para el bien de ellos, lo amen por encima de todo y de aquello que la persona más ama. Por ejemplo: Abraham, quien evidenció su temor de Dios cuando fue capaz de obedecer a Dios en sacrificar a su hijo amado. Ese temor es el que hace que un siervo de Dios, entre otras cosas, instruya a sus hijos en la instrucción y disciplina que ordena el Señor, también que dé a su cónyuge lo que Él dice. (Gn. 22:12; Lc. 14:25-33; Dt. 6:1-8; Ef. 5:21-25)

Confianza. Esta evidencia consiste en creer que lo que Dios promete, lo cumple. En creer que aunque el hijo de Dios pase por muchas pruebas, Él nunca lo desampara, porque si Dios fue capaz de dar a su Hijo amado para morir por los suyos, cuánto más no dará juntamente con Cristo todas las cosas. Además de ello, Dios conduce a comprender y a asimilar a cada uno de sus hijos que Él es un tierno Padre. (Job. 4:6; 2 Co. 1:20; Ro. 8)

 

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