Y ante todo, tened en vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” 1 P. 4:8

El versículo no habla de esa pasión que el mundo llama “amor”. Tal pasión puede conducir a sentir un interés intenso por otra persona, al punto de pensar que sin esa persona uno no puedo vivir; pero como ese amor no es real, entonces si no hay respuesta, tal deseo se convierte en odio. De otra parte, el versículo no enseña que si uno actúa con amor hacia los demás, entonces Dios nos recompensa, perdonando nuestras perversidades. Nosotros no podemos hacer ni una obra que tenga tal poder. La única obra que Dios acepta para cubrir nuestros pecados ya fue realizada por Jesús al morir en la cruz. Is. 64:6; Ro. 3:20-25

El versículo sí enseña que cuando amamos bíblicamente no mantenemos en nuestra memoria las ofensas de los que nos hacen daño. Un corazón que ama no tiene espacio para el odio. 1 Jn. 4:20. Además, el versículo enseña que Dios puede hacer que la persona que nos hace mal experimente vergüenza y hasta que quiera vivir en paz con nosotros. Ro. 12:17-21; Pr. 16:7. Finalmente, cuando amamos bíblicamente evitamos pecar, porque el amor bíblico consiste en obedecer la Palabra de Dios, y dicho amor no hace mal al prójimo. Jn. 14:23; Ro. 13:9-10

 

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