“Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros” 1 P. 5:7

Me gusta contar una historia que aprendí en el Vaupés. Había una viejita que caminaba por la carretera (cierto, o no, igual me sirve para ilustrar lo que quiero decir). Ella cargaba a sus espaldas un canasto pesado, lleno de yuca; en eso fue alcanzada por un señor que conducía una camioneta. Él, al verla, sintió compasión y la invitó a subir al platón del vehículo. Al poco tiempo, para sorpresa del conductor, vio por el espejo retrovisor que la señora aún tenía el canasto cargado y luchaba para sostenerse en pie.

Muchas veces, los cristianos resultamos igual que la viejita: habiendo sido unidos a Cristo, quien es nuestra paz, continuamos cargando el canasto; no lo descargamos en Jesús para encontrar descanso.

Si no aprendemos a echar todas nuestras ansiedades sobre Dios, les aseguro que de manera innecesaria llevaremos una vida miserable.

Desconozco la carga o las ansiedades que cada uno tiene en este momento, pero sí sé que si usted las entrega, sin reservas al Señor, Él, que tiene cuidado de los que compró con su sangre, le dará esa paz que sobrepasa todo entendimiento.

 

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