"Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" Mateo 5:9

Introducción:
Desde la caída del hombre, este siempre ha vivido en guerra. Algunos historiadores se han dado a la tarea de investigar cuantos años ha vivido el hombre en paz. Dicen que desde el año 3.600 antes de Cristo, solo ha habido 296 años de paz. En este periodo de más de 55 siglos ha habido 14.531 guerras conocidas en las que han muerto más de 3.600 millones de personas. Esto muestra la tendencia tan marcada de nosotros los seres humanos de querer "solucionar" una discordia eliminando al adversario, ¿por qué? porque dentro de nuestro corazón está de manera latente el homicidio.

Pero el odio homicida del hombre no es solo contra su prójimo, también lo es contra Dios. Hoy, casi todo el mundo dice amar a Jesús, pero si Él viniera como vino hace cerca de dos mil años, no hay duda que todos gritarían lo mismo: ¡Crucifícalo, crucifícalo! ¿Cómo sabemos? Solo basta con mirar la vida que los hombres llevan, la cual es totalmente contraria a la Palabra de Dios y la reacción de las personas cuando se les muestra las Escrituras. ¿Vemos la importancia de los pacificadores? Aun así, no todos podrán ser llamados hijos de Dios. Miraremos por qué:


1. Pacificador: persona que pacifica.


2. Abordemos las siguientes definiciones sobre el término "Pacificar":


a. "Sosegarse o aquietar las cosas turbadas o alteradas". Un ejemplo de esta definición es cuando se calman las tormentas. Cuando Jonás trató de huir de Dios, el Señor agitó el mar, de tal manera que era imposible evitar el naufragio. Sólo cuando el profeta fue lanzado, el mar se pacificó, no porque el mar tuviera la capacidad de hacerlo, sino porque el gran Pacificador lo hizo. (Jon. 1:13-16) Otro ejemplo fue cuando Jesús viajaba con sus discípulos en el mar de Galilea, el viento y el agua se alteraron, de tal manera que hubo terror de muerte que inundó los corazones de los discípulos. Jesús mostrando su divino dominio sobre la naturaleza de manera instantánea pacifica el viento y el mar (Mt. 8:23-27).


b. Establecer la paz donde había discordia o guerra. Aquí también existen no menos de dos definiciones sobre el concepto de "pacificar":
- Aquellos que acaban con una rebelión aplastando a los que se oponen. En Colombia, en la época de la independencia, España envió a un militar llamado Morillo. Este militar eliminó sin misericordia, a muchos que se oponían a la corona española y recibió el título de pacificador. Por supuesto que este asesino no tiene nada que ver con los pacificadores que serán llamados hijos de Dios.
- Aquellos que buscan conciliar un conflicto entre dos o más personas, grupos, pueblos, naciones. La ONU. Organización de las Naciones Unidas, es una organización que busca mantener la paz entre las naciones, incluso usa los pasajes bíblicos de Is. 2:4 y Miq. 4:3 que dice: "...volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra." Por supuesto que su tarea de evitar guerras y de acabar con las que se forman es muy buena labor, pero no por esto tienen que ser llamados hijos de Dios, ya que muchos de los miembros adoran otros dioses como Ala, en el caso de los árabes, otros son de tendencias ateas, otros creen en un evangelio muy distinto al de las Escrituras y los propósitos son muy distintos de los de glorificar a Dios. Viven para su propia gloria, olvidando que la Gloria es para Dios.


c. Reconciliar a los que están opuestos o discordes. En este punto me quiero detener para hablar de la relación hombre-Dios. En este sentido las anteriores definiciones son muy parecidas: desde el día de la caída del hombre, la relación con Dios se turbó o se alteró, de tal manera que el hombre se hizo enemigo de Dios, estableciéndose así una discordia o guerra. La Biblia enseña que el hombre mediante sus obras muestra que aborrece a Dios (Sal. 36:1-4), y que por otro lado Dios está airado contra el malo todos los días y está dispuesto a vengarse (Sal. 7:11; Nah. 1:2-9) Aquí se requiere de la presencia de un pacificador, pero no de cualquiera, ya que por un lado el ofendido, que es Dios, decretó que lo único que acepta por la ofensa es la condenación eterna (Ap. 21: 8), por otro lado el ofensor, que es el hombre, por su muerte espiritual no puede, no entiende, ni desea reconciliarse con Dios (Ro. 8:7-8).

Así que este pacificador tiene que remover todo aquello del hombre que no le deja amistarse con Dios y a la vez lograr que la paga del pecado sea cumplida para aplacar la ira justa de Dios contra el hombre. Jesús a quien la Biblia lo llama como nuestra paz, logró esa reconciliación imposible. Se presentó delante de Dios como el substituto, como aquel que se haría cargo de todas las obligaciones y deudas del ofensor. Decidió obedecer mandamiento por mandamiento sin faltar en ninguno de ellos para que el ofensor sea declarado inocente o justo, decidió cargar cada pecado del ofensor depositándolos en su cuerpo, y en sentido general hizo todo para reconciliar al hombre con Dios. Ninguna de las exigencias de Dios para el hombre quedó sin cumplirse.

Pero faltaba la otra parte, pagar el precio del pecado para que la ira justa de Dios quedara satisfecha. Es entonces cuando nuestro pacificador se presenta con nuestra carga para recibir en la cruz la condenación eterna, allí toda la ira de Dios, toda su venganza es derramada y nuestro pacificador sufre en su cuerpo el tormento. Dios, para mostrar que la obra de reconciliación fue perfecta toma el acta de los decretos o documento de deuda y lo elimina allí mismo en la cruz, y resucita al Señor al tercer día (Ro. 3:23-25; 5:8-11; Col. 2:14; 1 P. 1:3) Pero surge una pregunta, si Jesús logró solucionar, pacificar la relación hombre-Dios, ¿por qué hay y habrá personas en el infierno por toda la eternidad? La respuesta es sencilla: porque, aunque la salvación se ofrece de manera gratuita a todos los hombres, Él murió y resucitó sólo por los escogidos de Dios desde antes de la fundación de mundo (Ez. 18:32; Is. 53:11-12; Ro. 8:28-30).

Pero aunque Jesús es el pacificador perfecto, no es de este pacificador que la Biblia habla en el texto que estamos estudiando, pues Él no sería declarado por esto como hijo de Dios, ya que Él es el eterno Hijo de Dios y siempre ha sido bienaventurado. Realmente se está hablando de aquellos a los cuales se les aplica la obra pacificadora de Cristo. Ellos, en respuesta se pacifican, se reconcilian, es decir se unen en arrepentimiento y conversión a Jesús, lo reciben y creen en Él y por ello son declarados hijos de Dios (Jn. 1:11-13) Estos, luego mediante su testimonio y mediante la Palabra de Dios, buscan que los hombres también se reconcilien, se pacifiquen con Dios, para que tengan el mismo privilegio (1 P. 3:1; Ro. 10:13-17).


d. Tratar de asentar paces pidiéndolas o deseándolas. El que se ha pacificado con Dios ya es hijo de Dios, pero lo demuestra con hechos. Desea hacer la paz con aquellos que lo consideran enemigo. Con aquellos que, por sus acciones pecaminosas, han sido heridos. Pero él va aun más lejos, desea tener paz con los que le han hecho daño. No está en el plan de guardar rencor ni menos de vengarse. Él sabe, entiende que si Dios en Jesús le ha reconciliado perdonándole la multitud de pecados, lo mínimo que puede hacer es perdonarles a otros sus ofensas. Su corazón busca estar en completa ausencia de odios y resentimientos. Pero esto no quiere decir que los demás estarán en el mismo plano, es muy probable que la búsqueda de la pacificación sea respondida con ataques, aun así el pacificador no responde con las armas carnales. Esto hará que aun sus enemigos lo miren o lo declaren como un verdadero hijo de Dios (Mt. 5:44-45; 10:16-25).

Conclusión:
Pudimos notar que aquellos que son llamados pacificadores bíblicos y que son declarados hijos de Dios, son los que mediante la obra reconciliadora de Cristo se acercan a Jesús, para ponerse en paz con Dios, y que lo demuestran porque buscan la reconciliación de otros con Dios y procuran vivir en paz con todos.


 

 

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