Daniel (Dios es mi Juez)

Nombre del libro y autor
El libro lleva el nombre de la persona que el Espíritu Santo inspiró para escribirlo. Daniel fue un miembro de la familia real, llevado a cautiverio por Nabucodonosor en la primera deportación de judíos, durante el reinado de Joacim, en el año 605 a.C. (2 R. 24:1-6; Dn. 1:1) La gracia de Dios lo condujo a una profunda dependencia de Dios desde muy temprana edad, ésta fue tan firme que estuvo dispuesto a morir antes que a quebrantar las leyes de Dios. Aunque con su naturaleza pecaminosa como todo cristiano, fue uno de los hombres que más golpeo su carne para obedecer, fue un ejemplo para jóvenes, adultos, los colegas de trabajo, para los reyes y para sus enemigos. Sirvió al Señor desde las altas cortes en los imperios babilónico y Medo Persa (Desde el reinado de Nabucodonosor hasta el reinado de Ciro el grande). Aunque no regresó a la tierra de sus antepasados y murió a una edad aproximada de 85 años, su alma reposa en la presencia del Señor esperando la venida de Cristo para ser levantado y recibir en cuerpo y alma su herencia eterna. (Dn. 12:13)

Tema
El libro tiene el propósito de mostrar, lo quesignifica tener la fe que viene de Dios, y especialmente la absoluta soberanía del Dios de Israel en el trascurso de la historia. El surgimiento y el exterminio de reinos, el ascenso y la caída de reyes no acontecen al azar. Daniel es informado de los imperios que sucederían al imperio babilónico, hasta llegar a establecerse el reino que elimina todos los reinos de la tierra, el reino donde “los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” ¡El reino eterno de Dios!

 

Fe más preciosa que el oro. (Daniel 3)


Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Cristo” (1 P. 1:7) “Por fe…apagaron fuegos impetuosos…” (He. 11:33-34)

Introducción

En la historia de la iglesia muchas personas se salvaron de la espada, de las fieras, de la hoguera, por intervención divina, como aconteció con los jóvenes de la historia de hoy, pero esto no siempre aconteció, por ejemplo el sacerdote Checo Juan Hus (1369- 6 de julio 1415), uno de los precursores de la reforma cristiana, fue declarado hereje por el concilio de Constanza. Sus delitos, entre otros, fueron enseñar la Palabra de Dios en la lengua del pueblo, enseñar que Cristo es la cabeza de la iglesia y que la Roca es Cristo y no Pedro, y oponerse a las indulgencias (dar dinero por perdón de pecados). La sentencia para este “hereje” fue morir en la hoguera, acción ejecutada por el emperador Segismundo, presionado por el clero. La historia dice que en tanto que el horror del fuego consumía la carne de Juan Hus, él cantaba: “Jesús Hijo del Dios viviente, ten misericordia de mi” ¿Los cristianos de hoy estamos dispuestos a ser fieles al Señor aunque Él definitivamente nos deje morir en manos de nuestros enemigos? ¿Cómo sabemos si en los momentos en que la vida esté de por medio, actuaremos con la firmeza que actuó Juan Hus y los amigos de Daniel?

A. ¿Cuáles fueron los antecedentes de la historia? Daniel y sus tres amigos Ananías (La gracia del Señor), Misael (Quien es como el Señor) y Azarías (Dios es mi ayuda) ya habían salido victoriosos en la batalla de no contaminarse con la comida del rey. Dios, en esta ocasión, honró su fidelidad dándoles una sabiduría 10 veces superior a la de los magos y astrólogos que había en el reino. Después, cuando Nabucodonosor determinó la muerte de todos los que él consideraba que le podían ayudar en el sueño que lo perturbaba, los tres amigos de Daniel le apoyaron en oración para que Dios le mostrara al joven profeta tanto el sueño del rey como su interpretación. Dios escucha la oración, y Daniel le dice el sueño al rey y dá su interpretación. Dios hizo que el rey colocara a Daniel como el gobernador de toda la provincia de Babilonia y jefe supremo de todos los sabios del reino. Sus tres fieles amigos fueron colocados sobre los negocios de la provincia de Babilonia. (Dn. 1-2)

B. ¿De cuál forma respondió el rey a Dios por haberle mostrado el curso de la historia? Aunque luego de la interpretación del sueño de la estatua, Nabucodonosor reconoció que el Dios de Israel es Dios de dioses, y Señor de los reyes, la forma de agradecer fue erigiendo una estatua de oro seguramente del mismo Nabucodonosor para ser adorada. Ordenó a todos los líderes del imperio reunirse para tal adoración, dentro de los cuales se encontraban los amigos de Daniel -se desconoce la razón por la cual Daniel estaba ausente-. Para asegurarse de que todos adorasen la estatua, Nabucodonosor organiza una orquesta religiosa y ordena calentar un horno para que todo el que se negara a arrodillarse delante de la imagen cuando la música religiosa sonara, fuera lanzado sin misericordia al fuego.

C. ¿Cómo demostraron los amigos de Daniel que verdaderamente Dios era más importante que sus propias vidas? Cuando la orquesta sonó, solo tres hombres quedaron en pie, Sadrac (Ananías), Mesac (Misael) y Abed-nego (Azarías) el resto prefirió honrar al rey antes que a Dios. Los tres jóvenes fueron denunciados por enemigos y el rey “Les dio otra oportunidad de salvar sus vidas”, pero ellos se negaron por completo. Lo interesante del caso es que ellos aunque reconocían que Dios tenía todo el poder para salvarlos, reconocieron también que Dios tenía la libertad de salvarlos del horno o no. El rey, lleno de ira, ordena calentar el horno al máximo y luego ordenó lanzar a los héroes de la fe al horno. El horno estaba tan caliente que los hombres que lanzaron a los jóvenes fueron alcanzados por el fuego y murieron.

D. ¿De cuál forma se manifestó Dios? Nabucodonosor, espantado, ve a los jóvenes caminando en el horno, acompañados con otra persona de características divinas, considerado por muchos como una personificación del Hijo de Dios. En tal milagro, Dios protege total y minuciosamente a sus siervos, de tal forma que pareciera que ellos no hubiesen tenido ningún contacto con el fuego. Cuando salieron del horno, todos pudieron darse cuenta que ni siquiera olor a humo había en ellos.

E. ¿Cuáles fueron los resultados? El rey bendijo al Dios el cielo, por exaltar la fidelidad de sus siervos al salvarlos del fuego, ordenó que todo aquel que blasfemara contra el Dios de los Jóvenes fuera descuartizado y su casa convertida en muladar y finalmente engrandeció a estos virtuosos jóvenes en la provincia de Babilonia.

F. ¿Qué cosas podemos aprender del pasaje anterior?

1. Que los que aman verdaderamente al Señor estiman sus vidas en poco. (Mt. 16:24-26; Lc. 14:25-33; He. 11:33-39)

2. Que los que tienen la fe verdadera saben que Dios tienen todo el poder para protegerlos del peligro, pero que Él tiene la soberana libertad de hacerlo o no. (Dn. 3:17-18)

3. Que el nombre de Dios siempre será glorificado, aun por los enemigos, cuando un hijo de Dios se mantiene firme, aun a riesgo de su vida, en obedecer a Dios. (Dn. 3:28-29; 6:26-27)

4. Que siempre Dios honra al que renuncia a lo suyo para exaltar a Dios. (1 S. 2:30)

G. ¿Cómo podemos saber que en momentos como los que vivieron los amigos de Daniel, le seremos fiel al Señor? La mayoría de personas podemos decir a Jesús como Pedro: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré”, pero si en la vida diaria por cualquier cosa, aun insignificantes, pecamos en uno o unos mandamientos, podemos estar seguros de que en los momentos de vida o muerte vamos a ser infieles al Señor. El que solo es “fiel” al Señor cuando no ve sus intereses personales afectados, este será el primero que se arrodille ante la estatua de oro para evitar su muerte. El que no es fiel en lo poco, ¿cómo podrá ser fiel en lo mucho? Cuando en los asuntos pequeños diarios actuamos conforme con la Palabra de Dios, si siempre decidimos actuar minuciosamente conforme a la ley de Dios, esto nos sirve de entrenamiento para que cuando vengan las pruebas fuertes podamos salir vencedores. (1 Ti. 4:7-9; He. 5:14; 12:11; Lc. 16:10)

Conclusión

Porque el que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe1 Juan 5:4

Volver