Isaías (Jehová es salvación)

 

Nombre del libro y Autor

Este libro lleva el nombre de la persona que Dios inspiró para escribirlo: Isaías. El profeta desarrolló su ministerio en Judá, en los reinados de Uzías (final de su reinado), Jotam, Acaz y Ezequías, durante un periodo de aproximadamente 60 años. Inició su ministerio observando a un rey castigado con lepra por soberbio (Uzías). Luego, durante 16 años vió a un rey piadoso que se hizo fuerte porque preparó sus caminos delante de Jehová su Dios (Jotam). Posteriormente, durante otros 16 años vivenció la maldad de un rey que se dedicó a la idolatría, que hizo pasar a sus hijos por fuego, profanó el templo modificando de lugar los objetos sagrados y destruyendo otros e introduciendo altares paganos (Acaz). Luego, durante 29 años tuvo el privilegio, en tiempos muy turbulentos para Judá e Israel del norte, de ser el consejero de uno de los reyes más piadosos de Israel (Ezequías). La tradición judía dice que el profeta fue brutalmente asesinado por el rey Manasés al ordenar aserrarlo por la mitad.

Tema

Debido al espacio de tiempo que abarca, los temas que desarrolla son muchos; especialmente el libro describe la vertiginosa caída espiritual de Judá, las solemnes amenazas de Dios, el juicio sobre otros pueblos, y la multitud de anuncios sobre la venida del Libertador. Por la cantidad de profecías sobre el Mesías algunos le han llamado el quinto evangelio.

 

Los cristianos nominales en el tiempo de Isaías. (Leer Isaías 1 y 5)

El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimientoIs. 1:3

Introducción. Samuel Vila, en su libro de anécdotas, narra un poco sobre la historia del líder hindú Mahatma Gandhi; dice que él llegó a pensar que el cristianismo era la única religión verdadera, pero que este pensamiento se desvaneció cuando convivió en territorio africano, luego de terminar sus estudios en Londres, con una familia miembros de una iglesia cristiana. Pudo ver en ese hogar muchas cosas que no eran compatibles con lo que se decía del cristianismo. Él dijo, luego de la triste experiencia: “No, esto no puede ser la única religión sobrenatural, como yo creía. Será una buena religión para muchos, pero solamente una entre las muchas religiones del mundo.” Ese pésimo testimonio fue la excusa que Gandhi tuvo para no humillarse delante de Cristo.

1. ¿Cual sería la experiencia de un visitante al llegar a Jerusalén? No solo hoy, Jerusalén es una de las ciudades más visitadas por los extranjeros, lo ha sido en todo su historia. Conocida como la ciudad del Gran Rey, el Creador del universo, es lógico que todos quesieran conocerla. Al llegar el visitante observaría la magnificencia del templo de Salomón, vería a las personas acercarse, con “mucha devoción”, con sus corderos y demás ofrendas al templo, escucharía unos himnos que jamás había escuchado, capaces de trasportarlo a la presencia de Dios, vería unos sacerdotes con unos vestidos esplendorosos, escucharía el clamor de un pueblo orando a Dios. Eran tantas cosas tan preciosas, que de entrada podía ver que seguramente lo hacía pensar “Este pueblo realmente teme a su Dios” Pero si no regresa pronto a su lugar, entonces percibe que todo esto era mera apariencia, que los judíos aunque religiosamente eran fervorosos, sus vidas no se diferenciaba en nada a la de los otros pueblos paganos. Entonces el visitante saldría blasfemando del Dios de Israel, por culpa del comportamiento impío del pueblo que se enorgullecía ser el único pueblo al cual Dios se reveló de forma especial. (Is. 1)

2. ¿Qué cosas haría que el visitante blasfemara en nombre de Dios? Leamos Is. 5:8-30

a. Vería en muchos “creyentes” una profunda avaricia. (Is. 5:8-10) Aunque era cierto que la ley permitía vender las propiedades rurales temporalmente, no perpetuamente, y las casas en las ciudades amuralladas definitivamente, si no eran rescatas en una año, el extranjero miraría personas aprovechando cualquier oportunidad para abarcar la mayor cantidad de posesiones. Seguramente veía como ellos se aprovechaban de las profundas necesidades de muchos israelitas para apropiarse de sus herencias a precios insignificantes. No veía en ellos ni un gramo de bondad o de misericordia para con sus hermanos oprimidos, no se importaban por la necesidad del prójimo, la codicia los hacía completamente ciegos al privilegio que es dar antes que recibir. Es posible que viera a algunos que no fueran opresores, que hasta pagaran a muy buen precio las propiedades, pero veía en ellos no un interés en engrandecer el reino de Dios, sino aumentar su fortuna. Aunque decían adorar al Dios de la Biblia, su dios era Mamón, el dinero. (Lv. 25:23-33; Hch. 20:35; Mt. 6:24)

b. Vería a muchos “creyentes” viviendo en placeres mundanos. (Is. 5:11-12) Pensemos que el extranjero, apesadumbrado por lo que vio en el día, se va a dormir con la esperanza de que al siguiente día miraría cosas mejores. Madruga, y al salir de su residencia escucha fuertes sonidos musicales en diferentes casas, al mirar observa grupos musicales, pero no alabando a Dios, sino tocando la música mundana de moda, y al acercarse ve a gente banqueteando y que ya está embriagada. Entonces sorprendido, imaginemos que él pregunta: “¿son estos extranjeros?” Entonces le responden: “Como se le ocurre, somos el pueblo de Dios” “Venga, comamos y bebamos, que mañana moriremos” Estos “creyentes” estaban seguros de que se podía amar a Dios y al mundo a la vez. Adoraban externamente a Dios, pero su dios era su vientre. (Fil. 2:3; 18-19; Stg. 4:4)

c. Vería a muchos “creyentes” cuya confianza estaba en el pecado. (Is. 5:18-19) Como extranjero, sabía que era costumbre de los paganos en sus procesiones llevar a sus dioses, en los que ellos confiaban para todo, en una carreta. Así él ve a los israelitas, no jalando necesariamente un ídolo físico, sino al pecado. El observa que cada detalle de su diario vivir no es conforme a lo que Dios dice en su ley sino conforme a sus propios razonamientos, conforme a su corazón, conforme a las filosofía del mundo. Él ve que prácticamente nada es manejado conforme a la palabra de Dios, ni en sus hogares, ni en la sociedad. Pero el extranjero no solo veía eso, sino que al mismo tiempo escuchaba como se burlaban de los anuncios del Señor, como si estos no se fueran a cumplir. Aunque no dirían que adoraban el pecado, su estilo de vida, sus filosofías así lo indicaba. Adoraban externamente a Dios, pero el dios en quien confiaban era su propio pecado. (Sal. 36:1-4; 2 P. 3:3-7)

d. Vería a muchos “creyentes” dándole el valor contrario a las cosas. (Is. 5:20) El extranjero habiendo recibido ya tres desilusiones, se da cuenta de que otro grupo de “siervos del Señor” o posiblemente el conjunto de todos los anteriores, estaban tan ciegos y sus conciencias tan cauterizadas que a todo lo que Dios decía le daban un sentido totalmente contrario. Escuchaban la Palabra de Dios, pero de manera increíble le daban un giro de 180 grados. Escuchaban el verdadero evangelio, pero creían en otro totalmente opuesto. Por ejemplo, si alguien adoraba a Dios en espíritu y verdad, le dirían que era un idólatra, pero si alguien le rendía culto a las imágenes ese era un santo; si alguien llegara a creer que la salvación solo puede ser por gracia, le dirían que era un hereje, o un anatema, pero si alguien creía que la salvación era por las obras lo considerarían un verdadero santo; el robo no era robo, era honestidad; la mentira no era mentira, era verdad; etc. Aunque externamente adoraban a Dios, su dios era la falsedad.

e. Vería a muchos “creyentes” exaltándose, actuando vanagloriosamente. (Is. 5:21) Pensemos que el extranjero llega a la plaza o a la puerta de la ciudad , lugar en el que se acostumbraba a tratar asuntos importantes, y ve que los que participaban solo hablaban de sus “virtudes”, de lo “buenos que eran”, “del entendimiento que tenían”, de la “sabiduría” que desbordaban, pero no vio a ninguno diciendo: “No soy yo quien lo hice, sino la gracia de Dios en mi” “Fue Él quien en mi hizo nacer ese deseo de hacer tal cosa, y fue Él quien lo hizo usándome como su instrumento, no fui yo. ¿Qué capacidad tengo yo? No soy sino que un siervo inútil. ¡Gloria sea a nuestro buen Dios!” Aunque decían que el Dios de Israel era su Dios, su dios era su vanagloria.

f. Vería a muchos gobernantes “creyentes” en el desenfreno. (Is. 5:22-23) Frustrado el extranjero por todo lo que había visto, imaginémonos que dice: “Iré a los líderes, quizás ellos sí serán santos”, pero cuando va llegando observa un problema. Un hombre influyente sale sonriente en tanto que otro es llevado para ser ejecutado, entonces el extranjero pregunta a un testigo ocular: “¿Qué paso?” Y la respuesta que recibe es: “el señor que salió sonriente fue acusado de robar al que fue llevado para ser ejecutado, pero las autoridades dicen que no hizo nada y por ello el otro fue acusado de falso testimonio. Nosotros sabemos que fue algo injusto, pero como el rico le da plata a las autoridades, entonces ellos se van en su favor.” El extranjero, sorprendido, quiere cerciorarse de la calidad de las autoridades y cuando llega a la casa del profeta, el cual está con el sacerdote, los ve embriagados, compitiendo para ver cuál resistía más y ve también la mesa llena de vomito. Las autoridades decían servirle a Dios, en realidad le servían al demonio. (Is. 28:7-8; Jn. 8:39-44)
¿Cómo sería la salida de este extranjero de Jerusalén? ¿Que le contaría a su pueblo sobre la visita a la ciudad del Gran Rey? “Estos son iguales a nosotros o peor que nosotros” (Ro. 2:17-24)

Reflexión. Si alguien sabe que nos identificamos como cristianos y con firmeza decimos: “Seguros estamos en las manos del Señor, Cristo dio su vida por mí y ahora soy de Él” ¿Las personas podrían ver que nosotros realmente ya no vivimos para nosotros sino vivimos para el Señor? (Gál. 2:20). ¿Verían que nuestra preocupación es amontonar riquezas en el cielo antes que en la tierra? (Lc. 12:13-21) ¿Verían una vida libre de los placeres mundanos? (Ef. 5:1-20) ¿Verían que lo que practicamos no contradice lo que las Escrituras hablan? (Jn. 14:23). ¿Verían que ante un acierto no nos elogiamos, sino damos la gloria a Dios? (1 Co. 15:9-10) ¿Verían que procuramos dar lo que Dios dice que es justo a cada uno? (Mt. 5:6) ¿Podrían ellos ver a Cristo en nosotros y glorificar a Dios por ello? (Mt. 5:13-16)

Conclusión

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?Lc. 6:44

 

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