Nombre del libro y autor
1 y 2 de Reyes eran en el texto hebreo un solo libro llamado "Reyes". La traducción al griego (LXX) dividió el libro en dos textos; sin embargo, no los llamaron 1 y 2 de Reyes, les dieron el nombre de III y IV libros de Reino, esto debido a que consideraban 1 y 2 Samuel como los dos primeros libros del Reino, con el nombre de Samuel. La persona a la que Dios inspiró para escribir este libro se desconoce.


Tema
1 Reyes abarca desde el final de vida en esta tierra del rey David, hasta el reinado de Ocozías en Israel del norte; describe la construcción del templo de Jerusalén y el apogeo de Israel en el reinado de Salomón. Continúa con la división del reino, no sólo desde lo físico sino también desde lo espiritual. Menciona la caída vertiginosa en lo espiritual, tanto del reino del sur, pero en especial en el reino del norte, debido a la presencia de reyes sin el más mínimo temor de Dios. Exalta la aparición de grandes profetas como Ahías, Elías y Micaías, batallando en medio de una multitud de falsos profetas e incredulidad del pueblo.


Micaías (¿Quién es como Jehová?), 1 R. 22; 2 Cr. 18


"Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo." Gá. 1:10


1. Contexto geográfico e histórico en que vivió el profeta. Por el breve tiempo que duró para llegar a la presencia del rey, parece que él vivía en Samaria, capital del reino del norte de Israel, o a las afueras de la ciudad. Israel, gobernada por el rey Acab. La región se estaba recuperando de una terrible sequía que duró tres años y medio y estaba gozando de una relativa paz con Judá por la unión conyugal de Atalía hija de Acab y Jesabel, con Joram hijo de Josafat rey de Judá. También, Siria, uno de los enemigos históricos de Israel, estaba temporalmente sometida por la derrota ocasionada por el ejército Israelita. 1 R. 22:9-15; 1 R. 17 y 18; Stg. 5:17-18; 2 Cr. 18:1; 2 Cr. 21; 1 R. 20

2. Contexto religioso. Desde que Israel se dividió, el territorio del norte se corrompió abandonando casi por completo el verdadero culto a Dios, adoptando como religión oficial la fundada por el rey Jeroboam. El rey que gobernaba, Acab, era un ser perverso, se había vendido para hacer el mal, pues tenía como esposa a la mujer más impía que narra la Biblia, Jezabel. Esta mujer instituyó el culto a Baal como otra religión oficial y para ello mandó matar a todos los profetas que adoraban y servían al verdadero Dios. Micaías, por la gracia de Dios, fue uno de los pocos que escapó de la masacre. Los falsos profetas abundaban, pues eran sustentados y protegidos por la realeza. 1 R. 12:25-33; 16:29-31; 18:13; 22:6,22

3. Condiciones del profeta

a. Físicas, económicas y sociales. No se menciona su condición económica, y aunque era reconocido, no gozaba de lo que los hombres desean en esta tierra: buena fama, poder y grandeza. Todo lo contrario, era aborrecido y despreciado. 1 R. 22:8

b. Espirituales. Sus acciones muestran una absoluta dependencia de Dios. Tenía el firme propósito de agradar al Señor antes que a los hombres, antes que así mismo, aunque esto le trajera consecuencias funestas en esta tierra. No se amilanaba, ni estando aun delante de los poderosos de la tierra, porque consideraba como basura lo que en esta tierra es considerado como sublime. 1 R. 22:13-14

4. Mensaje del profeta a Acab y a Josafat

a. Sarcasmo de Micaías. El profeta no estaba presente en la gran fiesta por gusto, Acab lo mandó traer, por exigencia de Josafat, quien quería consultar a un verdadero profeta de Dios, ya que no confiaba en la multitud de profetas que alentaban al rey Acab estuvieran diciendo la verdad. Como el rey Acab quería escuchar que saldría triunfante de la guerra contra los sirios, el profeta en tono de burla, y lógicamente indicando lo contrario, le dijo lo que los profetas falsos le dijeron. El rey percibió la ironía, de ahí su enojo. 1 R. 22:15-16

b. Consejo de regresar a casa. A los ojos del rey todo estaba dado para vencer a los Sirios; éstos no estaban en condiciones de vencer. Acab contaba con el apoyo militar de Judá, los profetas de la corte del rey le comentaban que Dios había dicho que la victoria sería segura. Pero Micaías echa a perder la fiesta diciendo que Israel quedaría esparcido como ovejas sin pastor, es decir, sería derrotado. 1 R. 22:3-18

c. Descripción del origen de los mensajes "positivos" de los profetas de Acab. Dios, con suprema claridad, le muestra a su siervo que las revelaciones que los falsos profetas estaban manifestando fueron dadas por un demonio de parte de Dios para destrucción de Acab. Porque así el Soberano del universo lo había decretado. 1 R. 22:19-24

5. Reacción del falso profeta Sedequías y respuesta de Micaías. Sedequías estaba absolutamente seguro de tener el Espíritu de Dios, por ello lo dicho por Micaías produjo en él una reacción violenta, golpeando ofensivamente a Micaías y preguntándole por donde se había salido el Espíritu de Dios para entrar en Micaías, éste le responde que tendría la respuesta cuando tuviera que esconderse. Con esta afirmación le estaba indicando que cuando llegara la noticia de la derrota de Israel, por haber profetizado lo contrario, el miedo a morir por su falsedad lo conduciría a querer ocultarse y a la vez percibir que aunque en realidad vivió una experiencia sobrenatural, esta no era del Espíritu Santo, sino de un demonio. 1 R. 22:24-25

6. Reaccíon de Acab y respuesta de Micaías. El rey ordena encarcelar y atormentar a Micaías hasta que supuestamente regrese en paz. Esto muestra el impresionante desprecio que Acab tenía por la palabra de Dios. Micaías, absolutamente seguro de lo que decía, con firmeza señala que si Acab regresaba en paz, entonces Dios no había hablado por medio de él. 1 R. 22:26-28

7. Y, ¿qué de Josafat? Aunque escuchó atentamente la determinación de Dios, por estar tan involucrado con el malvado Acab, le faltaron fuerzas para tomar la decisión que honrara a Dios, que favoreciera a su hermano en Cristo y que no expusiera su vida y la de su ejército. Por la misericordia de Dios salió vivo de la batalla, pero avergonzado y luego amonestado por Dios. Su amistad con la familia de Acab le costó mucha sangre a Judá, y casi el exterminio de la familia real. 1 R. 22:29,32,33; 2 Cr. 19:1-2; 2 Cr. 21 y 22

8. Resultado de la batalla. La orden del rey de Siria era dirigir los ataques contra el rey de Israel, pero Acab se había disfrazado, y había engañado al ingenuo Josafat diciéndole que se pusiera las ropas reales para entrar a la batalla. Los Sirios atacaron a Josafat, pero este clamó a Dios, entonces ellos se dieron cuenta que no era el rey Acab. Todo parecía indicar que saldría bien, sin embargo aunque todo sea adverso, lo que Dios dice se cumple. Un soldado, sin tener un blanco fijo, lanza su flecha, la cual estaba dirigida por Dios para entrar en el cuerpo de Acab. 1 R. 22:30-40

9. Final de Micaías. Se desconoce lo que pasó con él luego de cumplirse lo que dijo, pero una cosa es segura, hoy está en la presencia del Señor, en tanto que sus adversarios se encuentran confinados en el infierno esperando el juicio para luego ser lanzados al lago de fuego en cuerpo y alma. Dn. 12:2

10. Aplicación

a. Micaías. Fiel representante de aquellos que por la obra de Cristo han muerto para el mundo, que verdaderamente aman más a Dios que a todo en esta vida, y que por ello, aunque sean aborrecidos y despreciados, no temen decirle a los que van por el camino errado cuál será su fatal final. Gá. 2:20; 6:15; Lc. 14:25-33; Mt. 10

b. Los profetas de Acab. Representan a todos aquellos falsos maestros que hablan lo que la gente en su carnalidad quiere oír. Estos terminan siendo los instrumentos para endurecer el corazón de los incrédulos. 2 Ti. 4:3-4; 2 Ts. 2:9-12

c. Acab. Representa a las personas que aunque escuchen y vean la manifestación poderosa de Dios ponen su corazón  duro como la piedra para rechazar el llamado de Dios, trayendo para sí su perdición. Zac. 7:12-13

d. Josafat. Representa a personas que creen que Cristo hizo todo por ellos para vivir eternamente, que han vivido el nuevo nacimiento y que presentan muchas cosas propias de una vida regenerada, pero que tienen el gravísimo problema de no diferenciar entre un muerto y un vivo espiritual, por lo cual tienen un yugo desigual y sufren las consecuencias. 2 Co. 6:14-7:1

Conclusión

"Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno" Mt. 10:28

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