Hace mucho tiempo...Cc by nc nd icon.svg 

Mini mensaje de navidad. Hace mucho tiempo…

La Navidad nos obliga a pensar en Dios; Jesucristo es Dios, Dios el hijo. Siendo Dios, tiene todas las virtudes divinas. Por ejemplo, es eterno.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” ¡Qué esperanza nos da saber que con Dios no hay improvisaciones! Todo está programado. Antes de que existiera el mundo y el tiempo, el Hijo se dirigió al Padre con estas palabras: “He aquí vengo para hacer tu voluntad. Un cuerpo me preparaste”.

La Navidad estaba preparada eternamente. Dios no tuvo que reinventar las cosas, pues Él es siempre el mismo en todo su ser y en todos sus decretos. Dios tenía lista su respuesta al dilema humano. De hecho, el fracaso humano también estaba dentro de sus planes.

Leyendo lo anterior, uno casi sin pensar, reacciona y dice: “¡No, no puede ser así, pues si así fuera, luego la vida no tendría sentido!; si fuera todo así, ya programado sin posibilidad de cambios, ¡ya uno no sería libre!”.

Pero, por favor, piense a la luz de lo que la Biblia enseña: la Navidad nos hace recordar que el Hijo de Dios que vino al mundo al nacer de la virgen en Belén, sí trajo cambios, pero que, sin embargo, siendo estos en verdad cambios, los cambios mismos fueron en todo planeados desde antes del comienzo del mundo. No era posible que las cosas no sucedieran como sucedieron. ¿Tiene sentido lo que escribo? Para nosotros parece no tener sentido. Parece locura, parece ridículo. Pero, piense un momento. ¿Qué tal si en verdad todo estaba ya programado, y, sin embargo, lo que decidimos y lo que hacemos lo hacemos libremente? Sería lo mejor en todo sentido. Habría así por un lado seguridad, pero a la vez habría por el otro lado libertad genuina.

La Navidad es un enigma. Nos obliga a pensar en Dios tal como es y en el programa de Dios tal como Él lo diseñó. Hay cosas que no entendemos, cosas que van más allá de nuestro poder para comprender. La Navidad nos obliga a volver a la Biblia, a la Biblia en su totalidad. Sólo así logramos razonar partiendo de la verdad como Dios nos la explica. Para Dios no hay ni sorpresas ni fracasos. En todo muestra la gloria total de su ser eterno, infinito e inmutable.

El apóstol Juan, escribiendo el “cuarto evangelio”, declaró uno de los propósitos de porqué Jesucristo vino al mundo: Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer (Juan 1:18). Estas palabras explican por qué la Navidad, pero a la vez, dejan como misterio cómo es la relación entre el Padre y el Hijo. No entendemos. La Navidad es para subrayar este hecho: hay cosas que no entendemos. Lo de Dios en su ser y en su programa va mucho más allá de la lógica humana. ¡Qué lección más difícil de aceptar! En nuestro orgullo, queremos sentirnos iguales a Dios. Por lo regular reconocemos que Él es más poderoso que nosotros, pero insistimos en tener la palabra final sobre cómo pueden ser las cosas. No queremos por nada reconocer por ejemplo nuestra esclavitud bajo el poder maligno del pecado.

Celebremos la Navidad, contentos por tener a Dios encargado de todo, y a la vez contentos por encontrar por la fe en Cristo el perdón de nuestros pecados y el poder para servirle a Él y al prójimo en amor y rectitud. “Llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de su pecado.

 

¡Feliz Navidad y un próspero año!


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