No paremos de marchar AlCortés/Flickr

Este volante fue repartido a propósito de las marchas organizadas el 5 de Julio de 2007, mostrando el rechazo a la violencia en Colombia.

¡Que siga la marcha! ¡Que no se acabe hoy! ¡Que toda manifestación de violencia siga siendo condenada y repudiada por la nación y el mundo entero! Es justo y correcto que así lo hagamos.

Es, además, tiempo de emprender otra marcha, y esta corazón adentro. El secuestro y el asesinato, estremecedores y desgarradores en su horrible sabor a odio entre humanos, nos exigen que lo hagamos. Derrumbando nuestra indiferencia, nos obligan, con toda honestidad, a cuestionar qué pasa con la raza de la cual formamos parte. ¿Por qué un siglo sucede a otro, las circunstancias cambian, la civilización avanza, pero no cesa nunca la violencia?

Es tiempo de marchar corazón adentro. Es tiempo de reconocer que allí en el corazón humano, en el suyo, en el mío, y en el de quienes asesinaron a los diputados, está la fuente que viene derramando violencia desde que la humanidad existe.

Así acabemos con todos los guerrilleros mañana, y logremos el regreso inmediato de cada secuestrado, seguiremos sufriendo la incontenible golpiza torrencial de la violencia porque su nacimiento lo llevamos adentro.

Marchar corazón adentro nos revela que los colombianos, aunque necesitamos ser liberados de los abusos de la guerilla y del paramilitarismo, necesitamos aun más ser liberados de nuestros propios corazones.

Somos seres inteligentes, y al leer una afirmación de este tipo queremos saber: ¿Quién lo dijo? ¿Qué pruebas hay? Lo dijo Dios, el Creador. (El interesado podría leer en la Santa Biblia las palabras de Jesús en Marcos 7:20-23). En cuanto a pruebas, es difícil refutar que en toda situación donde la humanidad duele, y se ha dolido, por el azote de la violencia, hay una constante universal‒la presencia del corazón humano.

¿No habrá entonces solución? Sí la hay, y la marcha corazón adentro debe terminar de rodillas delante del Creador, clamando perdón y cambio. Para todo el que reconoce su propia corrupción, y desea ser liberado de ella, está la promesa: “Les daré un corazón nuevo,... y pondré dentro de ustedes mi Espíritu...” (Ezequiel 36:26,27) ¿Espíritu de quién? El Espíritu de Jesucristo, Dios Hijo, quien aceptó ser violentado en la cruz. Así pagó el rescate para la liberación de quienes de otra forma estaríamos condenados, por nuestro propio corazón lleno de maldad, a vivir y morir enemigos el uno del otro‒y enemigos de Él.

La marcha de hoy es buena y necesaria, pero si nos quedamos ahí, no habrémos logrado lo que necesitamos. ¡Marchemos corazón adentro!

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