Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Juan 8:1-11
Serie del Sermón:
Orador:
Notas del Sermón:

 

Una nueva oportunidad

Pastor Antonio Orjuela, 6 de marzo de 2016

 

En el pasaje central de este sermón se revela la hipocrecía de los religiosos y la gracia de Dios. Los judíos citan las escrituras, pero para tentar al Señor Jesucristo, traen a una mujer adultera, pero no al hombre, quien era igualmente culpable. El Señor muestra lo que hay en el corazón de los religiosos: hipocrecía y mucho pecado.

De acuerdo con las escrituras, como testigos de un pecado que obliga a apedrear, estos testigos debían ser libres de ese pecado, y Cristo les muestra que ellos son igual de culpables. Ahora, con respecto a la mujer, el Señor no minimiza el pecado de ella, la confronta, y ella no niega su culpa, y recibe el perdón del Señor.

El Señor Jesucristo le extiende su gracia a la mujer, y esta es la razón por la cual el Hijo de Dios vino a la tierra, aunque también le dice que ahora no debe pecar más. ¿En cuál lado de esta historia estamos cada uno de nosotros? ¿Acusando, como los religiosos, o en pecado, como la mujer? Que acudamos a Cristo.


 

Pasaje central: Juan 8:1-11 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

1 y Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, 4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

 

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