Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Lucas 4:14-30
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Notas del Sermón:

 

El ministerio de Cristo es el ministerio de la iglesia - 1

Pastor Augusto Ramírez, 3 de enero de 2016

 

Donde quiera que Cristo iba, iba a la sinagoga, en el día de reposo. Aunque lo sabía todo, asistía, honraba el día del Señor. Nosotros tampoco debemos dejar de asistir al culto del Señor. Cuando Cristo comenzó Su ministerio, leyó un pasaje del Antiguo Testamento y dijo que esa profecía se cumplía en Él, en ese momento.

Cristo, con la unción del Espíritu Santo, vino para prestar un servicio especial, para ser El Redentor. Él mismo explica que Su misión implica los pobres, prisioneros, ciegos y oprimidos. Estas cuatro categorías de personas deben entenderse en sentido metafórico. Así, el pobre, no lo es en dinero, sino que es necesitado del Señor.

El pobre es el no nacido de nuevo, quien a su vez es también prisionero y ciego. La buena noticia no es que el pobre se hará rico, sino que la persona espiritualmente necesitada será auxiliada. El pobre que reconoce su incapacidad, y espera ayuda, clama al Señor. Cuidado, pobre podemos ser cualquiera de nosotros.


 

Pasaje central: Lucas 4:14-30 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

14 Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor, 15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.

16 Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer. 17 Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados: 19 Para predicar el año agradable del Señor. 20 Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. 22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? 23 Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. 24 Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. 25 Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; 26 Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda. 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro. 28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; 29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. 30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.

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