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| ¡El
mensaje de la Biblia empieza con Dios! Antes que podamos presentar
completamente el Evangelio del Señor Jesucristo al
punto de que usted pueda compren derlo y creer en El, es menester
que sepaacerca del gran Dios del cielo y de la tierra. |
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CAPITULO
16 - LAS BUENAS OBRAS |
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1. Las
buenas obras son solamente las que Dios ha ordenado en su
santa Palabra’ y no las que, sin ninguna autoridad
para ello, han imaginado los hombres por un fervor ciego
o con cualquier pretexto de buena intención.
2 Estas
buenas obras, hechas en obediencia a los mandamientos de
Dios, son los frutos y evidencias de una fe viva y verdad
era y por ellas manifiestan los creyentes su gratitud, fortalecen
su seguridad, edifican a sus hermanos, adornan la profesión
del evangelio tapan la boca de los adversarios, y glorifican
a Dios; pues los creyentes son hechura de El, creados en
Cristo Jesús para buenas obras, para que teniendo
por fruto la santificación, tengan como fin la vida
eterna.
3. La
capacidad que tienen los creyentes para hacer buenas obras
no es de ellos en ninguna manera, sino completamente del
Espíritu de Cristo.’ Y para que ellos puedan
tener esta capacidad, además de las gracias que han
recibido, se necesita la influencia efectiva del mismo Espíritu
Santo para obrar en ellos tanto el querer como el hacer
por su buena voluntad;” sin embargo, ellos no deben
degenerar en negligentes, como si no estuviesen obligados
a obrar aparte de un impulso especial del Espíritu,
sino que deben ser diligentes en avivar la gracia de Dios
que está en ellos.’
4. Quienes
en su obediencia alcanzan la mayor altura de perfección
que es posible en esta vida, quedan todavía tan lejos
de llegar a un grado supererogatorio, y de hacer más
de lo que Dios requiere, que les falta mucho en lo que por
deber tienen que hacer. 13
5. Nosotros
no podemos, por nuestras mejores obras, merecer el perdón
del pecado o la vida eterna de la mano de Dios; y esto a
causa de la gran desproporción que existe entre nuestras
obras y la gloria que ha de venir, y por la distancia infinita
que hay entre nosotros y Dios, a quien no podemos beneficiar
por dichas obras, ni satisfacer la deuda de nuestros pecados
anteriores;’ pero cuando hemos hecho todo lo que podemos,
no hemos hecho más que nuestro deber y somos siervos
inútiles; y además nuestras obras son buenas
porque proceden de su Espíritu;’ y por cuanto
son hechas por nosotros, son impuras y contaminadas con
tanta debilidad e imperfección, ue no pueden soportar
la severidad del juicio de Dios.
6. Sin
embargo, a pesar de lo anterior, siendo aceptadas las personas
de los creyentes por medio de Cristo, sus buenas obras también
son aceptadas en El; no como si fueran en esta vida enteramente
irreprochables e irreprensibles a la vista de Dios; sino
que a El, mirándolas en su Hijo, le place aceptar
y recompensar lo que es sincero aun cuando sea acompañado
de muchas debilidades e imperfecciones.
7. Las
obras hechas por hombres no regenerados, aún cuando
por su esencia puedan ser cosas que Dios ordena y de utilidad
tanto para ellos como para otros, sin embargo proceden de
un corazón no purificado por la fe y no son hechas
en la manera correcta e acuerdo con la Palabra, ni para
un fin correcto gloria de Dios); por lo tanto son pecaminosas,
y rn pueden agradar a Dios ni hacer a un hombre digno de
recibir la gracia de parte de Dios. Y a pesar de esto e,
descuido de las obras por parte de los no regenerados es
más pecaminoso y desagradable a Dios.
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| 1
6:8; He. 13:21 2 15:9; Is. 29:13; 3 2:18,22; 4 116:12,13 i
Jn. 2:3,5; 2 P. 1:5-11 6 Mt. 5:16; Ti. 6:1; 2 P. 2:15 Fil.
1:11; 8 Ef. 2:10; Ro. 6:22; ‘°Jn. 15:4,5; “1
Co. 3:5; Fil. 2:13; Fi1. 2:12; He. 6:11,12 Is. 64:7 13 9:2
3 Gú. 5:17; Lc. 17:10; ‘ 3:20; Ef. 2:8,9; Ro.
4:6; 15 5:22,23; “Is. 64:6; Sal. 143:2; ‘ 1:6;
1 P. 2:5; ‘ 25:21,23 He. 6:10 ‘ R. 10:30; 1 R.
21:27,29; 20 4:5; He. 11:4,6; 211 Co. 13:1; Mt. 6:2,5; Am6s
5:21,22; Ro. 9:16; Tit. 3:5; Job 21:14,15; Mt. 25:41-43. |
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CAPITULO
17 - LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS |
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1. A
quienes Dios ha aceptado en el Amado;y que han sido llamados
eficazmente y santificados por su Espíritu, a quienes
Dios les ha dado la preciosa fe que pertenece a todos sus
elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del
estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar
en él hasta el fin, y serán salvados eternamente,
porque Dios nunca se arrepentirá de haberles llamado
y dado dones a ellos. Consecuentemente, El continúa
dándoles vida y nutriéndoles en la te, el
arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas
las gracias del Espíritu que resueltan en inmortalidad.
Muchas tormentas podrán azotarles, pero nunca podrán
ser movidos del Fundamento y la Roca sobre los cuales su
fe está firmemente establecida. Aún si las
tentaciones de Satanás les hace por un tiempo arder
la vista y el consuelo de la luz ye! amor de Dios, sin embargo
el Dios inmutable permanece su Dios, y El ciertamente les
guardará y les salvará por su poder hasta
que entren al gozo de su posesión recibida, porque
ellos están grabados en las palmas de sus manos y
sus nombres han sido escritos en el libro de la vida desde
toda la eternidad.
2. Esta
perseverancia de los santos depende, no de su propio libre
albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de
elección’ que fluye del amor gratuito e inmutable
de Dios el Padre; de la eficacia del mérito y de
la intercesión de Jesucristo y la unión de
los santos con El; del juramento de Dios; de la morada de
su Espíritu, de la simiente de Dios que está
en los santos; y de la naturaleza del pacto de gracia, de
todo lo cual surge también la certeza y la infalibilidad
de la perseverancia.
3. No
obstante esto, es posible que los creyentes, por la tentación
de Satanás y del mundo, por el predominio de la corrupción
que queda en ellos, y por el descuido de los medios para
su preservación, caigan en pecados graves y por algún
tiempo perrnanez por lo cual atraez el desagrado de Dios;
contristarán a su Espíritu Santo; harán
daño a sus gracias y disminuirán sus consuelos;”
tendrán sus corazones endurecidos; y sus conciencias
heridas;’ lastimarán y escandalizarán
a otros, y atraerán sobre sí juicios temporales.
Sin embargo, siendo santos, su arrepentimiento será
renovado y a través de la fe serán preservados
en Cristo Jesús hasta el fin. 14
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| |
| ‘Jn.
10:28,29; Fil. 1:6; 2Ti. 2:19; 1 Jn. 2:19; 2 89:31,32 1 Co.
11:32; 3 3:6; 4 8:30; 9:11,16; 5 5:9,10’ Jn. 14:19;
He. 6:17,18; i Jn. 3:9 8 32:40; 9 26:70,72,74; idI 64:5,9;
Ef. 4:30; “Sal. 51:10,12; 12 Sal. 32:3,4; ‘ S.
12:14; “Lc. 22:32,61,62. |
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CAPITULO
18 - LA SEGURIDAD DE GRACIA Y SALVACION |
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 |
| 1.
Aunque creyentes temporeros y otros hombres no regenerados
pueden vanamente engañarse a sí mismos con esperanzas
falsas y presunciones carnales de estar en el favor de Dios
y en estado de salvación, cuya esperanza perecerá;’
sin embargo, los que creen verdader8ni en Señor y le
aman sinceridad , esforzándose por andar con toda buena
conciencia delante de El en esta vida esta absolutamente seguros
de que en están en gracia, y pueden regocijo en la
esperanza de la gloria de Dios; y tal esperanza nunca les
hará avergonzarse.
2.
Esta seguridad no es una mera persuasión presuntuosa
y probable, fundada en una esperanza falible; sino que es
una seguridad infalible de fe basada sobre la sangre y la
justicia de Cristo revelada en el evangelio; y también,
en la demostración interna de aquellas gracias a las
cuales se refieren las promesas, y en el testimonio del Espíritu
de adopción testifi a nuestro espfritu que somos hijos
de Dios. Tal testunomo Viantiene i corazones en humillación
y santidad.
3.
Esta seguridad infalible no corresponde completamente a la.
esencia de la fe, sino que un verdadero creyente puede esperar
mucho tiempo y luchar con muchas dificultades antes de ser
participante de tal seguridad; sin embargo, siendo capacitado
el creyente por el Espíritu Santo para conocer las
cosas que le son dadas gratuitamente por Dios, puede alcanzarlas
sin una revelación extraordinaria por el uso correcto
de los medios; y por eso es el deber de cada uno ser diligente
para asegurar su llamamiento y elección; para que su
corazón se ensanche en la paz y én el gozo del
Espíritu Santo, en amor y gratitud a Dios, yen la fuerza
y alegría de los deberes de la obediencia; i son los
frutos propios de esta seguridad.” Así de lejos
está esta enseñanza de inducir a los hombres
a la negligencia.
4.
La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes
puede ser, en diversas maneras, zarandeada, disminuida o interrumpida;
por la negligencia en preservarla;’ por caer en algún
pecado especial, que hiera la conciencia y contriste el Es
4 alguna tentación repentina o vehemente;’ por
retirarles Dios la luz de su rostro, permitiendo aun a los
que le temen que caminen en tinieblas, y que no tengan luz;
sin embargo quedan destituidos de aquella simiente de Dios,
y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos,
de aquella sinceridad de corazón y conciencia del deber.
De todo lo cual, por la operación del Espíritu,
esta seguridad puede ser revivida en su debido tiempo;’
y por todo lo cual, mientras tanto, los verdaderos creyentes
son preservados para que no caigan en la desesperación
total.
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| ‘Job
8:13,14; Mt. 7:22,23; 2 Jn. 2:3; 3:14,18,19,21,24; 5:13; 3
5:2,5; 4 6:11,19; 5 6:17,18; 62 P. 1:4,5,10,11; 7 8:15,16k
Jn. 3:1-3; 9 50:10; Sal. 88; 77:1-12; Jn. 4:13; He. 6:11,12;
‘Ro. 5:1 2,5; 14:17; Sal. 119:32; ‘ 6:1,2; Tit.
2:11 12,14; ‘ 5:2,3,6; ‘ 51:8,12 14; ‘ 116:11;
77:7,8; 31:22; Sal. 30:7; ‘ Jn. 3:9; ‘ 22:32;
1bSai. 42:5,11; 20 3:26-31. |
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CAPITULO
19 - LA LEY DE DIOS |
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1. Dios
dio a Adán una ley escrita en su corazón que
demandaba su completa obediencia. También le dio
una ley particular, es a saber, la de no comer del fruto
del árbol del conocimiento del bien y del mal.’
Por lo tanto, Adán y toda su posteridad están
obligados a una obediencia personal, completa, exacta y
perpetua; le prometió la vida por el cumplimiento
de ella, y le amenazó con la muerte si la infringía;
le dio también el poder y la capacidad para guardarla.
2. La
misma ley que primeramente fue escrita en el corazón
del hombre, continuaba siendo una regla perfecta de rectitud,
aún después que Adán cayó en
pecado; y como tal fue dada por Dios en el Monte Sinaí
en diez mandamientos y escrita en dos tablas; los cuatro
primeros mandamientos contienen nuestros deberes para con
Dios, y los otros seis, nuestros deberes para con los hombres.
3. Además
de esta ley, comúnmente llamada la ley moral, agradó
a Dios dar al pueblo de Israel, leyes ceremoniales que contenían
varias ordenanzas típicas; en parte de adoración
prefigurando a Cristo, sus gracias, acciones, sufrimientos
y beneficios; y en parte expresando diversas instrucciones
sobre los deberes morales. Todas aquellas leyes ceremoniales
habían de ser observadas, pero solamente hasta ser
abrogadas en el Nuevo Testamento por Cristo Jesús,
el verdadero Mesías y único dador de la ley,
quien tenía el poder del Padre para terminar con
dichas leyes.
4. A
los israelitas también les dio algunas leyes judiciales,
que expiraron juntamente con el estado de aquel pueblo,
por lo que ahora no obligan a los otros pueblos. Los principios
de equidad contenidos en estas leyes aún son válidos,
no por estar en la ley de Moisés, sino en virtud
de su carácter incambiable.
5. La
ley moral obliga por siempre a todos, tanto a los justificados
como a los que no lo están, a la obediencia de ella;’°
y esto no sólo en consideración a la naturaleza
de ella sino también con respecto a la autoridad
de Dios, el Creador, quien la dio. Cristo, en el evangelio,
en ninguna manera abroga esta le sino que refuerza nuestra
obligación de cumplirla.
6. Aunque
los verdaderos creyentes no están bajo la ley como
un pacto de obras para ser justificados o condenados, sin
embargo, es de gran utilidad tanto para ellos como para
otros; ya que como una regla de vida les informa de la voluntad
de Dios y de sus deberes, les dirige y obliga a andar en
conformidad con ella, les descubre también la pecaminosa
contaminación de su naturaleza, corazón y
vida; de tal manera, que cuando ellos se examinan delante
de ella, puedan llegar a una convicción más
profunda de su pecado, a sentir humillación por él
y un odio contra él;’ junto con una visión
más clara de la necesidad que tienen de Cristo, y
de la perfección de su obediencia. También
la ley moral es útil para los regenerados para restringir
su corrupción, puesto que prohibe el pecado; y las
amenazas de ella sirven para mostrar lo que merecen aún
sus pecados, y qué aflicciones puedan esperar por
ellos en esta vida, aun cuando estén libres de la
maldición y el rigor de la ley. Las promesas de ella,
de un modo semejante, manifiestan a los regenerados que
Dios aprueba la obediencia y cuáles son las bendiciones
que deben esperar por el cumplimiento de la misma; aunque
no se deba a ellos por la ley como un pacto de obras; así
que, si un hombre hace lo bueno y deja de hacer lo malo
porque la ley le manda aquello y le prohibe esto, no es
evidencia de que esté bajo la ley, sino bajo la gracia.
7. Los
usos de la ley ya mencionados no son contrarios a la gracia
del evan sino que concuerdan armoniosamente con él;
el Espíritu de Cristo subyuga y capacita la voluntad
del hombre para que haga alegre y voluntariamente lo que
requiere la voluntad de Dios, revelada en la ley.’
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| ‘Qn.
1:27; Ec. 7:29; 2 10:5; 3 3:10,12; 4 2:14,15; ‘Dt. 10:4;
‘He. 10:1; Co. 2:17; 1 Co. 5:7; 8 2:14,16,17; Ef. 2:14,16;
i Co. 9:8-10 ‘°Ro.13:8-10; Stg. 2:8,10-12; “Sta.
2:10,11; ‘ 5:17-19; Ro. 3:31; ‘ 6:14; Gá.
2:16; Ro. 8:1; 10:4; Ro. 3:20; 7:7; ‘ 6:12-14; ‘
3:21; ‘ 36:27.
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CAPITULO
20 - EL EVANGELIO Y SU ALCANCE |
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1. Ya
que el pacto de obras ue violado por el pecado del hombre
y fue rendido incapaz para dar vida, Dios en su misericordia
prometió enviar a Jesucristo, quien sería
nacido de mujer; y por medio de esta promesa los elegidos
serían llamados, y la fe y el arrepentimiento serían
obrados en sus corazones. En esta promesa, la substancia
del evangelio se reveló como el medio eficaz para
la conversión y salvación de los pecadores.
2. Esta
promesa de Cristo y salvación en El es revelada a
los hombres solamente por la Palabra de Dios. Cristo y su
gracia no son revelados a los hombres en las obras de la
creación o la providencia, ni por la luz de la naturaleza
aunque sea en forma general u obscura. Mucho menos será
posible que los hombres que no tienen la revelación
de Jesucristo por la promesa del evangelio puedan llegar
a fe salvadora y al arrepentimiento por estos medios.
3. La
revelación del evangelio a los pecadores, tanto a
naciones como a personas individuales, junto con las promesas
y los preceptos que pertenecen a la obediencia del evangelio,
ha sido dada en distintos tiempos y lugares según
la voluntad soberana y el buen placer de Dios. La promesa
de dar a conocer el evangelio no dependía del buen
uso que los hombres pudieran dar a sus habilidades naturales,
desarrolladas en medio de la luz común dada a todos,
porque tal desarrollo nunca ha tomado, ni tendrá
lugar. Por lo tanto, en todas las edades, el alcance que
ha tenido el evangelio en su proclamación, sea en
lugares amplios o más restringidos, ha sido a personas
y naciones por medios variables según la voluntad
del Dios todo sabio.
4. El
evangelio es el (mico medio externo para dar a conocer a
Cristo y la gracia salvadora a los hombres, y es completamente
adecuado para este fin. Pero, para que los hombres que están
muertos en sus pecados puedan nacer de nuevo, es decir,
que sean regenerados y vivificados, algo adicional es necesario,
es a saber, una obra eficaz, invencible del Espíritu
Santo sobre cada parte del alma del hombre por la cual una
nueva vida espiritual es producida. Nada menos de tal obra
puede resultar en la conversión a Dios.
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| ‘Gn.
3:15; 2 13:8; 3 1:17; 4 10:14,15,17; 5 29:18; Is. 25:7; 60:2,3;
6 147:20; 7 16:7; 8 110:3; 1 Co. 2:14; Ef. 1:19,20 °Jn.
6:44; 2 Co. 4:4,6..
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 |
CAPITULO
21 - LA LIBERTAD CRISTIANA Y LA LIBERTAD DE LA CONCIENCIA |
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1. La
libertad que Cristo ha comprado para los creyentes que están
bajo el evangelio consiste en su libertad de la culpa del
pecado, de la ira condenatoria de Dios y de la severidad
y maldición de la ley; y en ser librados de este
presente siglo malo, de la servidumbre de Satanás
y del dominio del pecado, del mal de las aflicciones, del
temor y aguijón de la muerte, de la victoria del
sepulcro y de la condenación eterna; como también
en su libre acceso a Dios, y en rendir su obediencia a El,
no por temor servil, sino con un amor filial y con intención
voluntaria.
Todo
lo cual era substancialmente común también
a los creyentes bajo la ley; aunque bajo el Nuevo Testamento
la libertad de los cristianos se ensancha mucho más
porque están libres del yugo de la ley ceremonial
a que estaba sujeta la iglesia judaica, y tienen ahora mayor
confianza para acercarse al trono de gracia, y mayores participaciones
del libre Espíritu de Dios que aquellas de las cuales
participaron los creyentes bajo la ley.”
2. Sólo
Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado
libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres, las
cuales son en alguna manera contrarias a su Palabra, o que
no estén contenidas en la Palabra. Así que
creer tales doctrines u obedecer tales mandamientos con
respecto a la conciencia es traicionar la verdadera libertad
de conciencia, y el requerir una fe implícita y una
obediencia ciega y absoluta s destruir la libertad de conciencia
y también la razón.
3. Aquellos
que bajo el pretexto de la libertad cristiana practican
algún pecado o abrigan alguna concupiscencia pervierten
el propósito principal de la gracia del evangelio
para su propia perdición,’ y destruyen, por
esto, el propósito de la libertad cristiana, el cual
es que siendo librados de las manos de nuestros enemigos,
podamos servir al Señor sin temor, en santidad y
justicia delante de El todos los días de nuestra
vida. ‘
|
| |
| ‘Gá.
3:13 2 1:4; 3 26:18; 4 8:3; 5 8:28 1 Co. 15:54-57; 2 Ts. 1:10;
8 8:15 9 1:73-75; 1 Jn. 4:18; ‘ 39,14; “Jn. 7:38,39;
He. 10:19.21; hStg. 4:12; Ro. 14:4; ‘ 4:19,29; 1 Co.
7:23; Mt. 15:9; ‘ 2:20,22,23; ‘ Co. 3:5; 2 Co.
1:24; ‘ 6:1,2 17 5:13; 2 P. 2:18,21.
|
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 |
CAPITULO
22 – LA ADORACION RELIGIOSA Y EL DIA DEL SENOR |
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1. La
luz de la naturaleza muestra que hay un Dios que tiene señorío
y soberanía sobre todo, es bueno y hace bien a todos,
y que, por tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado,
creído, y servido con toda el alma, con todo el corazón
y con todas las fuerzas.’ Pero el modo aceptable de
adorar al verdadero Dios es instituido por El mismo, y está
tan limitado por su propia voluntad revelada, que no se
debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones
de los hombres o a las sugerencias de Satanás, bajo
ninguna representación visible o en ningún
otro modo no prescrito en las Santas Escrituras.
2. La
adoración religiosa ha de tiarse a Dios Padre, Hijo
y Espíritu Santo, y a El solamente; no a los ángeles,
ni a los santos, ni a ninguna otra criatura; y desde la
caída, no sin algún mediador; ni por la mediación
de ningún otro, sino solamente de Cristo.
3. La
oración con acción de gracias siendo una parte
natural de la adoración, la exige Dios de todos los
hombres; y para que pueda ser aceptada debe hacerse en el
nombre del Hijo, con la ayuda del Espíritu, conforme
a su voluntad,’ con entendimiento, reverencia, humildad,
fervor, fe, amor y perseverancia.Cuando se ofrece oración
unida debe ser siempre en un idioma conocido.
4. La
oración ha de hacerse por cosas lícitas, y
a favor de toda clase de hombres que ahora viven, oque vivirán
después;’ pero no de los muertos’ ni
de aquellos de quienes se pueda saber que hayan cometido
el pecado de muerte.
5. La
lectura de las Escrituras, la predicación, y el escuchar
la Palabra de Dios, la instrucción y la amonestación
los unos a los otros por medio de salmos, himnos y canciones
es el cantar con gracia en el corazón al Señor,
y también la observación del bautismo y la
santa cena: todas estas cosas son parte de la adoración
religiosa a Dios que ha de ser hecha en obediencia a Dios,
con entendimiento, fe, reverencia y temor de Dios. También,
en ocasiones especiales, se de observar humillación
solemne, con ayunos, y acciones de gracias en una forma
santa y reverente.
6. Ahora
bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra
parte de la adoración religiosa están limitadas
a un lugar, ni son más aceptables por el lugar en
que se realizan, o hacia el cual se dirigen; sino que Dios
ha ser adorado en todas partes en espíritu y en verci
tanto en lo privado en las familias diariamente, y en secreto
cada uno por sí mismo; así como de una manera
más solemne en las reuniones públicas, las
cuales no han de descuidarse ni abandonarse voluntariamente
o por negligencia, cuando Dios por su Palabra y providencia
nos llama a ellas.
7. Así
como es la ley de la naturaleza que en lo general una proporción
de tiempo determinado por Dios se dedique a la adoración
de Dios; así en su Palabra, por un mandamiento positivo,
moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todos
los tiempos, Dios ha señalado particularmente un
día de cada siete, que sea guardado como un reposo
santo para El; el cual desde el principio del mundo hasta
la resurrección de Cristo fue el último día
de la semana y desde la resurrección de Cristo fue
cambiado al primer día de la semana, al que se le
llama en las Escrituras día del Señor y debe
ser perpetuado hasta el fin del mundo como el día
del reposo cristiano, siendo la observación del día
séptimo abolida.
8. Este
día de reposo se guarda santo para el Señor,
cuando los hombres después de la debida preparación
de su corazón y arreglados con anticipación
todos sus asuntos ordinarios, no solamente guardan un santo
descanso durante todo el día de sus propias labores,
palabras y pensamientos acerca de sus empleos y diversiones
mundanales; sino que también dedican todo el tiempo
al ejercicio de la adoración pública privada,
y en los deberes de caridad y de misericordia.
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| ‘Jer.
10:7; Mr. 12:33 2 12:32; 3 20:4-6; 4 4:9,10; Jn. 5:23; Mt.
28:19; 5 1:25; Col. 2:18; Ap. 19:10; 6 14:6 i Ti. 2:5 8 95:1-7;
65:2 9 14:13 14; ‘°Ro. 8:26; “1 Jn. 5:14;
‘ Co. 14:16 17; ‘ Ti. 2:1,2; 2 S. 7:29; 142 S.
12:21-23; ‘ Jn. 5:16V 161 Ti. 4:13; Ti. 4:2; Lc. 8:18;
‘ 3:16; Ef. 5:19; ‘ 28:19,2O; Co. 11:26; 4:16;
Ji. 2:12; Ex. 15:1-19; Sal. 107; Jn. 4:21; Mal. 1:11; 1 Ti.
2:8 24 10:2; Mt. 6:11; Sal. 55:17; 26 6:6; He. 10:25; Hch.
2:42; Ex. 20:8 1 Co. 16:1.2; Hch. 20:7; Ap. 1:10; °ig.
58:13; Neh. 13:15-22; 31 12:1-13.
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CAPITULO
23 - JURAMENTOS LEGALES Y VOTOS |
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1. Un
juramento lícito es una parte de la adoración
religiosa por el cual el jurador, teniendo en vista la verdad,
la justicia y el juicio, solemnemente pone a Dios como testigo
de lo que jura, y para que le juz conforme a la verdad o
la falsedad de sus palabras.
2. Sólo
en el nombre de Dios deben jurar los hombres, y este nombre
ha de usarse con todo temor santo y con reverencia. Por
lo tanto, jurar yana o temerariamente en ese nombre glorioso
y terrible, o definitivamente jurar por cualquiera otra
cosa, es pecaminoso y debe aborrecerse. Sin embargo, en
asuntos de peso y de importancia, cuando la verdad requiere
una confirmación y para poner fin a la contiendas
un juramento está justificado por la Palabra de Dios;
por eso, cuando una autoridad legítima exija un juramento
legal para tales asuntos, este juramento debe hacerse.
3. Todo
aquel que hace un juramento de acuerdo a la Palabra de Dios
debe considerar seriamente la gravedad de un acto tan solemne,
y por lo tanto no afirmar nada que no sepa sea verdad, porque
por medio de juramentos falsos y vacíos el Señor
es provocado y por razón de ello una tierra es traída
a miserias.
4. Un
juramento debe hacerse en el sentido claro y común
de las palabras, sin equivocación o reservas mentales.
5. Los
votos han de ser hechos a Dios solamente y no a una criatura.
Una vez hechos han de ser llevados a cabo escrupulosamente
y fielmente. Pero votos monásticos de vida soltera
perpetua, pobreza profesada’° y obediencia regular
que pertenecen a la iglesia de Roma, en lugar de representar
santidad superior son meramente supersticiones y trampas
pecaminosas en las cuales ningún cristiano debería
enredarse.
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| 1
20:7; Dt. 10:20; Jer. 4:2; 22 Cr. 6:22,23 3 5:34,37; Stg.
5:12; 4 6:16; 2 Cor. 1:23; 5 13:25; 6 19:12 Jer. 23:10; 7
24:4; 8 76:11; Gn. 28:20-22; i Co. 7:2,9; ‘°Ef.
4:28; “Mt. 19:11.
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CAPITULO
24 - EL GOBIERNO CIVIL |
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1. Dios,
el supremo Señor y Rey de todo el mundo, ha instituido
a los magistrados civiles para estar sujetos a El, gobernando
al pueblo para la gloria de Dios y el bien público;
y con este fin les ha armado con el poder de la espada,
para la defensa y aliento de los que hacen lo bueno, y para
el castigo de los malhechores.
2. Es
lícito para los cristianos aceptar y desempeñar
el cargo de magistrado cuando sean llamados para ello; en
el desempeño de su cargo deben mantener especialmente
la justicia y la paz, según las leyes sanas de cada
reino y estado; así con este fin, bajo el Nuevo Testamento,
pueden legalmente ahora hacer la guerra en ocasiones justas
y necesarias.
3. Como
los gobernantes civiles son puestos por Dios con los propósitos
ya mencionados, los cristianos están sujetos a ellos
en los requisitos legales, y esto por causa del Señor
y de la conciencia y no meramente para evitar castigo. Debemos
ofrecer suplicaciones y oraciones a favor de los reyes y
de los que están en autoridad, para que bajo su gobierno
podamos vivir quieta y reposadamente en santidad y honestidad.
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| ‘Ro.
13:1-4; 1 P. 2:13,14; 22 S. 23:3; Sal. 82:3,4; Lc. 3:14; 4
13:5-7; 1 P. 2:17; i Ti. 2:1,2.
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CAPITULO
25 - EL MATRIMONIO |
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1.El
matrimonio ha de ser entre un hombre y una mujer; no es
lícito para ningún hombre tener más
de una esposa, ni para ninguna mujer tener más de
un marido, al mismo tiempo.’
2.El
matrimonio fue instituido para la mutua ayuda de esposo
y esposa; para multiplicar la raza humana por generación
legítima y para prevenir la impureza.
3.Es
lícito para toda clase de personas casarse con quien
sea capaz de dar su consentimiento con juicio; sin embargo
deber de los cristianos casarse solamente en el Señor.
Y por lo tanto los que profesan la verdadera religión
no deben casarse con los incrédulos o idólatras;
ni deben, los que son piadosos, unirse en yugo desigual,
casándose con los que son perversos en sus vidas
o que sostienen herejías detestables.
4. El
matrimonio no debe contraerse dentro de los grados de consanguinidad
o afinidad prohibidos en la Palabra de Dios, ni pueden tales
matrimonios incestuosos legalizarse por ninguna ley de hombre,
ni por el consentimiento de las partes, de tal manera que
esas personas puedan vivir juntas como marido y mujer.
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| ‘Gn.
2:24; Mál. 2:15; Mt. 19:5,6; 2 2:1& 3 1:28; 4 Co.
7:2,9; 6 13:4; 1 Ti. 4:3; 6i Co. 7:39; 7 8 18; 9 6:18; lCo5 |
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1. La
Iglesia católica o universal, que es invisible (en
respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad
de la gracia), se compone de todo el número de los
elegidos que han sido, son y serán reunidos en uno
bajo Cristo, la Cabeza de ella; y es la esposa, el cuerpo,
la plenitud de Aquel que llena todo en todo.
2. Todas
las personas a través del mundo que profesan creer
en el evangelio y que rinden obediencia evangélica
a Dios por Cristo, son y pueden ser llamados santos visibles,
mientras que no muestren que su profesión sea yana
al mantener errores fundamentales o al vivir vidas impías.
De tales personas todas las iglesias locales están
compuestas.
3. Las
iglesias más puras bajo el cielo están expuestas
a errar y a corromperse, y algunas han degenerado tanto
que han venido a no ser iglesias de Cristo sino sinagogas
de Satanás. Sin embargo, Cristo siémpre ha
tenido un reino en este mundo compuesto de aquellos que
creen en El y que profesan su nombre. Siempre tendrá
ese reino hasta el fin del mundo.
4. El
Señor Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia. Por
el designio del Padre, toda autoridad requerida para el
llamado, el establecimiento, el orden y la gobernación
de la Iglesia está suprema y soberanamente investida
en Cristo.
5. En
el ejercido de la autoridad que le ha sido confiada, el
Señor Jesucristo, a través del ministerio
de la Palabra y su Espíritu, llama a sí mismo
del mundo aquellos que han sido dados a El por el Padre
para que vivan en su luz, rindiéndole la obediencia
prescrita por El en la Escritura. El ordena a estos llamados
a formar sociedades particulares, o iglesias, que promuevan
su bien común y a participar en la adoración
pública que El requiere que ellos lleven a cabo mientras
estén en el mundo. 10
6. Los
miembros de estas iglesias son santos por razón del
llamado divino, y en una forma visible ellos demuestran
y declaran, tanto por su confesión de Cristo como
por su manera de vivir, que ellos obedecen el llamado de
Cristo. Ellos voluntariamente consienten a tener comunión
juntos de acuerdo a las instrucciones de Cristo, dándose
a sí mismos al Señor y el uno al otro según
Dios ordena, y dando entero consentimiento a los requisitos
del evangelio. 12
7. A
cada una de estas iglesias, unidas conforme a la voluntad
divina revelada en la Palabra, el Señor ha dado todo
el poder y autoridad para llevar a cabo la forma de adoración
y disciplina que El ha designado para su observación.
También ha provisto mandatos y reglas necesarias
para el propio y correcto uso del poder conferido a las
iglesias.’
8. Una
iglesia local, unida y organizada de acuerdo a la mente
de Cristo, consiste de miembros y líderes u oficiales.
Según el mandamiento de Cristo, estos oficiales,
que son escogidos y apartados por la iglesia, son llamados
obispos o ancianos y diáconos. Es su particular responsabilidad
velar por el cumplimiento de loquee! Señor ha ordenando
y usar los poderes confiados a ellos para la ejecución
de su deber. Tal arre ha de continuar en la Iglesia hasta
el fin del mundo.
9. Por
designio de Cristo, cualquier persona que ha sido cualificada
y que ha recibido los dones necesarios del Espíritu
para la obra de anciano en la iglesia, debe ser llamad?
a ese oficio por común acuerdo de la misma iglesia.
Debe ser apartado a esta obra por ayuno y oración
con la imposición de manos de los ancianos existentes,’
si es que hay, y finalmente los diáconos han de ser
escogidos por la voluntad común de la iglesia y apartad
a esta obra por la oración y la imposición
de manos.
10.
A los pastores se les requiere dar constante atención
al servicio de Cristo en sus iglesias; han de estar ocupados
en el ministerio de la Palabra, en oración y en buscar
el bien de las almas de los hombres, como aquellos que han
de d cuenta al Señor. Es imperativo pues, que las
iglesias a quienes ellos ministren les den, según
la habilidad de la iglesia, no solamente todo el honor debido
sino tal abundancia de los bienes materiales de este mundo
que les capacite a vivir sin la necesidad de enredarse en
empleo secular, y aquello que les capacitar a ejercer hospitalidad
hacia los demás. Tal arreglo es requierido por la
ley de la naturaleza y por el mandato claro del Señor
Jesucristo, quien declaró que los que predican el
evangelio han de vivir del evangelio.
11.
Aunque es el deber de los ancianos o los pastores de las
iglesias, según su oficio, estar constantemente activos
en la predicación de la Palabra, sin embargo, tal
obra no ha de ser considerada como limitada a ellos nada
más, porque el Espíritu Santo puede capacitar
a otros para la misma obra dándoles los dones necesarios.
En este caso, cuando tales hombres son aprobados y llamados
a la obra por la iglesia, deben y pueden desempeñar
este trabajo.
12.
Todos los creyentes están bajo la obligación
de unirse a una iglesia local cuando y en donde tienen la
oportunidad de hacerlo. También signe que todos aquellos
que son admitidos a los privilegios de la comunión
de la iglesia vienen a estar sujetos a la disciplina y gobierno
de la iglesia de acuerdo a la ley de Cristo.
13.
Cualquier miembro de la iglesia que ha sido ofendido por
el mal comportamiento de otro dentro de la iglesia y que
ha obedecido las instrucciones dadas en las Escrituras referente
a tales casos, debe refrenarse de estorbar la paz de la
iglesia y evitar ausentarse de las asambleas de la iglesia
y de la administración de las ordenanzas a causa
de la ofensa del hermano. Debe esperar en Cristo dentro
de los procedimientos de la iglesia.
14.
Todos los miembros de la iglesia local han de orar continuamente
para el bien y la prosperidad de todas las iglesias de Cristo
dondequiera estén, y en toda ocasión ayudar
a otros creyentes dentro de los límites de sus ‘areas
y llamados en el ejercicio de sus dones y gracias. Consecuentemente,
las iglesias deberían buscar compañerismo
las unas con las otras, según la providencia de Dios
permita la oportunidad de tal disfrute de estos beneficios,
para el aumento de su amor, paz y edificación.
15.
Cuando hay diferencias o dificultades respecto a la doctrina
o el gobierno de la iglesia, y su paz, unidad y edificación
son arriesgadas, puede ser afectada una o más iglesias.
Igualmente, uno o más de los miembros pueden ser
heridos por procedimientos disciplinarios que no están
de acuerdo a la verdad y al orden de la iglesia. En tales
casos como estos, es según la mente de Cristo que
muchas iglesias, teniendo comunión entre sí,
puedan juntarse y conferir a través de sus representantes
escogidos quienes podrán dar su consejo sobre los
asuntos en disputa a todas las iglesias envueltas. Debe
ser entendido, sin embargo, que los representantes congregados
no tienen poder eclesiástico ni jurisdicción
sobre las iglesias para ejercer disciplina sobre ellas o
sus miembros, o para imponer sobre ellas sus decisiones.
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| |
| ‘He.
12:23 Col. 1:18 1:10 22 23 5:23 27 32.21 Co. 1:2;Hch. 11:26;
3 1:7;Ef. 2:20-22; Co. 5; Ap. 2y 3; Ap. 18:2; 2Ts.2:11-12;
16:18; Sal. 72:17; 102:28; Ap. 12:17; 7 1:18; Mt. 28:18-20;
Ef. 4:11 12; 8 10:16; 12:32; 9 28:20; ‘°Mt. 18:15-20;
“Ro. 1:7; 1 Co. 1:2; %2Hch. 2:41-42V 5:13,14; 2 Co.
9:13; ‘ 18:17,18; 1 Co. 5:4,5; 5:13; 2 Co. 2:6-&
‘ 20:17,28; Fil. 1:1V 16 14:23; 161 Pi. 4:14 Hch 6:3
5 6; IbHch. 6:4 He. 13:17; ‘ Ti. 5:17,1 20 6:6,7; 21
3:2; Co. 9:6-14; 11:19-21; 1 P.4:10,11; 1 Ts. 5:12-14; 2 Te.
3:6,14,15; Mt. 18:15-17; Ef. 4:2,3; 26 6:18; Sal. 122:6; Ro.
16:1,2; 3 Jn. 8-10; Rch. 15:2,4,6,22,23,25; 2 Co. 1:24; 1
Jn. 4:1..
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CAPITULO
27 - LA COMUNION DE LOS SANTOS |
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1.Todos
los santos están unidos a Jesucristo, su cabeza,
por su Espíritu y la fe. Aunque esto no quiere decir
que vienen a ser una persona con El, sin embargo, participan
con El en sus gracias, sufrimientos, muerte, resurrección
y gloria;’ y estando unidos los unos con los otros
en amor, tienen comunión los unos en los dones y
gracias de los otros, y están obligados a cumplir
los deberes públicos y privados para bien mutuo,
tanto en el hombre interior como en el exterior.
2. Los
santos, por su profesión, están obligados
a mantener entre sí un compañerismo y comunión
santos en el culto de Dios y en el cumplimiento de los otros
servicios espirituales que tienden a su edificación
mutua, así como a soccorerse los unos a los otros
en las cosas temporales según su posibilidad y necesidad.
Según la regla del evangelio, este tipo de comunión,
aunque particularmente se refiere a la familia y las iglesias,
no obstante, esta comunión debe extenderse, según
Dios presente la oportunidad, a toda la casa de la fe, es
decir, a todos los que en todas partes invocan el nombre
del Señor Jesús. Sin embargo, la comunicación
que tienen los santos unos con otros, ni quita ni destruye
el título o la propiedad que cada hombre tiene sobre
sus bienes o posesiones.
|
| |
| ‘1
Jn. 1:3; Jn. 1:16; Fil. 3:10; Ro. 6:5,6; 2 4:15,16; 1 Co.
12:7; 3:21-23; Ts. 5:11,14;Ro. 1:12; 1 Jn. 3:17-18;Gú.
6:10; 10:24,25; 3:12,13; 5 11:29-30 6 6:4; i Co. 12:14-27
8 5:4; Ef 4:28..
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 |
CAPITULO
28 - EL BAUTISMO Y LA SANTA CENA |
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1. El
bautismo y la cena del Señor son ordenanzas que han
sido explícita y soberanamente instituidas por el
Señor Jesús, el único dador de la ley,
quien ha designado que han de ser continuadas en su Iglesia
hasta el fin del mundo.
2. Estas
ordenanzas santas han de ser administradas solamente por
aquellos autorizados y llamados a hacerlo, según
la ordenanza de Cristo.
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| |
| ‘Mt.
28:19-20; 1 Co. 11:26; Mt. 28:19-20; 1 Co. 11:26 2 28:19;
1 Co. 4:1..
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CAPITULO
29 - EL BAUTISMO |
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 |
1. El
bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento instituida
por Jesucristo. Para la persona bautizada sirve como señal
de su comunión con Cristo en su muerte y resurrección,
de su unión a Cristo, de la remisión de sus
pecados, y de su sumisión a Dios por Jesucristo para
vivir y andar en novedad de vida.
2. Las
únicas personas que pueden correctamente someterse
a esta ordenanza son aquellas que actualmente profesan arrepentimiento
hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo, teniendo
el sincero deseo de obedecerle.
3. El
elemento exterior que debe usarse en esta ordenanza es el
agua, en el cual es bautizada la persona creyente en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
4. Para administrar correctamente esta ordenanza es esencial
que la persona sea sumergida dentro del agua.
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| 1Ro.
6:3.5; Col. 2:12; Gá. 3:27; 2 1:4; Hch. 22:16; 3 6:4;
4 16:16; Hch. 8:36,37; 2:41; 8:12; 18:8; 5 28:19,20; Hch.
8:38; 63:16; Jn. 3:23.
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CAPITULO
30 - LA CENA DEL SENOR |
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1. La
cena del Señor fue instituida por el Señor
Jesucristo la misma noche en que fue entregado, para que
se observara en su iglesia hasta el fin del mundo, para
un recuerdo perpetuo y para mostrar el sacrificio de sí
mismo en su muerte. También fue üistituída
para confirmar la fe de los creyentes en todos los beneficios
de ella, para su alimentación espiritual y crecimiento
en El, para un mayor compromiso en y hacia todas las obligaciones
que le deben a Cristo y para ser un lazo y una prenda de
su comunión con El y de Su mutua comunión.
2. En
esta ordenanza Cristo no es ofrecido a su Padre, ni se hace
ningún verdadero sacrificio por la remisión
del pecado de los vivos ni de los muertos; sino que solamente
es un memorial del único ofrecimiento de sí
mismo y por sí mismo en la cruz, una sola vez para
siempre, y una ofrenda espiritual de la mayor alabanza posible
a Dios a causa de esto. Así que el sacrificio papal
de la misa, como ellos lo llaman, es enteramente abominable
e injurioso al único sacrificio de Cristo, la única
propiciación por todos los pecados de los elegidos.
3. El
Señor Jesús, en este ordenanza, ha designado
a sus ministros que oren y bendigan los elementos del pan
y del vino, y que los aparten así del uso común
para el servicio sagrado; que tomen y partan el pan, y beban
de la copa y (participando ellos mismos), den de los dos
elementos a los comulgantes.
4. El
negar la copa al pueblo, el adorar los elementos, el elevarlos
o llevarlos de un lugar a otro para adorarlos y el guardarlos
para pretendidos usos religiosos; todo esto es contrario
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