Porque por gracia sois salvos por medio de la Fe;
y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8
 
 
 
 
 
EL REFORMADOR
JUAN CALVINO:
SU VIDA Y SUS OBRAS
por CRISTIANO GRACIANO
Juan Calvino
 
 
 
   
CONFESIÓN DE FE
¡El mensaje de la Biblia empieza con Dios! Antes que podamos presentar completamente el Evangelio del Señor Jesucristo al punto de que usted pueda compren derlo y creer en El, es menester que sepaacerca del gran Dios del cielo y de la tierra.
Indice
Prefacio Capítulo 16 - Las Buenas Obras
Introducción Capítulo 17 - La Perseverancia de los Santos
Capítulo 1 - Las Santas Escrituras Capítulo 18 - La Seguridad de Gracia y Salvación
Capítulo 2 - Dios y la Santa Trinidad Capítulo 19 - La Ley de Dios
Capítulo 3 - El Decreto Eterno de Dios Capítulo 20 - El Evangelio y su Alcance
Capítulo 4 - La Creación Capítulo 21 - La Libertad Cristiana y la Libertad de la Conciencia
Capítulo 5 - Providencia Capítulo 22 - La Adoración Religiosa y el Día del Señor
Capítulo 6 - La Caída del Hombre, su Pecado y su Castigo Capítulo 23 -Juramentos Legales y Votos
Capítulo 7 - El Pacto de Dios Capítulo 24 - El Gobierno Civil
Capítulo 8 - Cristo el Mediador Capítulo 25 - El Matrimonio
Capítulo 9 - El Libre Albedrío Capítulo 26 - La Iglesia
Capítulo 10 - El Llamamiento Eficaz Capítulo 27 - La Comunión de los Santos
Capítulo 11 - La Justificación Capítulo 28 - El Bautismo y la Santa Cena
Capítulo 12 - LaAdopción Capítulo 29 - El Bautismo
Capítulo 13 - La Santificación Capítulo 30 - La Cena del Señor
Capítulo 14 - La Fe Salvadora Capítulo 31 - El Estado del Hombre Después de la Muerte y la
Resurrección de los Muertos
Capítulo 15 - El Arrepentimiento a Vida y Salvación Capítulo 32 - El Juicio Final
 
 
CAPITULO 16 - LAS BUENAS OBRAS
 

1. Las buenas obras son solamente las que Dios ha ordenado en su santa Palabra’ y no las que, sin ninguna autoridad para ello, han imaginado los hombres por un fervor ciego o con cualquier pretexto de buena intención.

2 Estas buenas obras, hechas en obediencia a los mandamientos de Dios, son los frutos y evidencias de una fe viva y verdad era y por ellas manifiestan los creyentes su gratitud, fortalecen su seguridad, edifican a sus hermanos, adornan la profesión del evangelio tapan la boca de los adversarios, y glorifican a Dios; pues los creyentes son hechura de El, creados en Cristo Jesús para buenas obras, para que teniendo por fruto la santificación, tengan como fin la vida eterna.

3. La capacidad que tienen los creyentes para hacer buenas obras no es de ellos en ninguna manera, sino completamente del Espíritu de Cristo.’ Y para que ellos puedan tener esta capacidad, además de las gracias que han recibido, se necesita la influencia efectiva del mismo Espíritu Santo para obrar en ellos tanto el querer como el hacer por su buena voluntad;” sin embargo, ellos no deben degenerar en negligentes, como si no estuviesen obligados a obrar aparte de un impulso especial del Espíritu, sino que deben ser diligentes en avivar la gracia de Dios que está en ellos.’

4. Quienes en su obediencia alcanzan la mayor altura de perfección que es posible en esta vida, quedan todavía tan lejos de llegar a un grado supererogatorio, y de hacer más de lo que Dios requiere, que les falta mucho en lo que por deber tienen que hacer. 13

5. Nosotros no podemos, por nuestras mejores obras, merecer el perdón del pecado o la vida eterna de la mano de Dios; y esto a causa de la gran desproporción que existe entre nuestras obras y la gloria que ha de venir, y por la distancia infinita que hay entre nosotros y Dios, a quien no podemos beneficiar por dichas obras, ni satisfacer la deuda de nuestros pecados anteriores;’ pero cuando hemos hecho todo lo que podemos, no hemos hecho más que nuestro deber y somos siervos inútiles; y además nuestras obras son buenas porque proceden de su Espíritu;’ y por cuanto son hechas por nosotros, son impuras y contaminadas con tanta debilidad e imperfección, ue no pueden soportar la severidad del juicio de Dios.

6. Sin embargo, a pesar de lo anterior, siendo aceptadas las personas de los creyentes por medio de Cristo, sus buenas obras también son aceptadas en El; no como si fueran en esta vida enteramente irreprochables e irreprensibles a la vista de Dios; sino que a El, mirándolas en su Hijo, le place aceptar y recompensar lo que es sincero aun cuando sea acompañado de muchas debilidades e imperfecciones.

7. Las obras hechas por hombres no regenerados, aún cuando por su esencia puedan ser cosas que Dios ordena y de utilidad tanto para ellos como para otros, sin embargo proceden de un corazón no purificado por la fe y no son hechas en la manera correcta e acuerdo con la Palabra, ni para un fin correcto gloria de Dios); por lo tanto son pecaminosas, y rn pueden agradar a Dios ni hacer a un hombre digno de recibir la gracia de parte de Dios. Y a pesar de esto e, descuido de las obras por parte de los no regenerados es más pecaminoso y desagradable a Dios.

 
1 6:8; He. 13:21 2 15:9; Is. 29:13; 3 2:18,22; 4 116:12,13 i Jn. 2:3,5; 2 P. 1:5-11 6 Mt. 5:16; Ti. 6:1; 2 P. 2:15 Fil. 1:11; 8 Ef. 2:10; Ro. 6:22; ‘°Jn. 15:4,5; “1 Co. 3:5; Fil. 2:13; Fi1. 2:12; He. 6:11,12 Is. 64:7 13 9:2 3 Gú. 5:17; Lc. 17:10; ‘ 3:20; Ef. 2:8,9; Ro. 4:6; 15 5:22,23; “Is. 64:6; Sal. 143:2; ‘ 1:6; 1 P. 2:5; ‘ 25:21,23 He. 6:10 ‘ R. 10:30; 1 R. 21:27,29; 20 4:5; He. 11:4,6; 211 Co. 13:1; Mt. 6:2,5; Am6s 5:21,22; Ro. 9:16; Tit. 3:5; Job 21:14,15; Mt. 25:41-43.
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CAPITULO 17 - LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS

1. A quienes Dios ha aceptado en el Amado;y que han sido llamados eficazmente y santificados por su Espíritu, a quienes Dios les ha dado la preciosa fe que pertenece a todos sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en él hasta el fin, y serán salvados eternamente, porque Dios nunca se arrepentirá de haberles llamado y dado dones a ellos. Consecuentemente, El continúa dándoles vida y nutriéndoles en la te, el arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas las gracias del Espíritu que resueltan en inmortalidad. Muchas tormentas podrán azotarles, pero nunca podrán ser movidos del Fundamento y la Roca sobre los cuales su fe está firmemente establecida. Aún si las tentaciones de Satanás les hace por un tiempo arder la vista y el consuelo de la luz ye! amor de Dios, sin embargo el Dios inmutable permanece su Dios, y El ciertamente les guardará y les salvará por su poder hasta que entren al gozo de su posesión recibida, porque ellos están grabados en las palmas de sus manos y sus nombres han sido escritos en el libro de la vida desde toda la eternidad.

2. Esta perseverancia de los santos depende, no de su propio libre albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de elección’ que fluye del amor gratuito e inmutable de Dios el Padre; de la eficacia del mérito y de la intercesión de Jesucristo y la unión de los santos con El; del juramento de Dios; de la morada de su Espíritu, de la simiente de Dios que está en los santos; y de la naturaleza del pacto de gracia, de todo lo cual surge también la certeza y la infalibilidad de la perseverancia.

3. No obstante esto, es posible que los creyentes, por la tentación de Satanás y del mundo, por el predominio de la corrupción que queda en ellos, y por el descuido de los medios para su preservación, caigan en pecados graves y por algún tiempo perrnanez por lo cual atraez el desagrado de Dios; contristarán a su Espíritu Santo; harán daño a sus gracias y disminuirán sus consuelos;” tendrán sus corazones endurecidos; y sus conciencias heridas;’ lastimarán y escandalizarán a otros, y atraerán sobre sí juicios temporales. Sin embargo, siendo santos, su arrepentimiento será renovado y a través de la fe serán preservados en Cristo Jesús hasta el fin. 14

 
‘Jn. 10:28,29; Fil. 1:6; 2Ti. 2:19; 1 Jn. 2:19; 2 89:31,32 1 Co. 11:32; 3 3:6; 4 8:30; 9:11,16; 5 5:9,10’ Jn. 14:19; He. 6:17,18; i Jn. 3:9 8 32:40; 9 26:70,72,74; idI 64:5,9; Ef. 4:30; “Sal. 51:10,12; 12 Sal. 32:3,4; ‘ S. 12:14; “Lc. 22:32,61,62.
 
CAPITULO 18 - LA SEGURIDAD DE GRACIA Y SALVACION

1. Aunque creyentes temporeros y otros hombres no regenerados pueden vanamente engañarse a sí mismos con esperanzas falsas y presunciones carnales de estar en el favor de Dios y en estado de salvación, cuya esperanza perecerá;’ sin embargo, los que creen verdader8ni en Señor y le aman sinceridad , esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de El en esta vida esta absolutamente seguros de que en están en gracia, y pueden regocijo en la esperanza de la gloria de Dios; y tal esperanza nunca les hará avergonzarse.

2. Esta seguridad no es una mera persuasión presuntuosa y probable, fundada en una esperanza falible; sino que es una seguridad infalible de fe basada sobre la sangre y la justicia de Cristo revelada en el evangelio; y también, en la demostración interna de aquellas gracias a las cuales se refieren las promesas, y en el testimonio del Espíritu de adopción testifi a nuestro espfritu que somos hijos de Dios. Tal testunomo Viantiene i corazones en humillación y santidad.

3. Esta seguridad infalible no corresponde completamente a la. esencia de la fe, sino que un verdadero creyente puede esperar mucho tiempo y luchar con muchas dificultades antes de ser participante de tal seguridad; sin embargo, siendo capacitado el creyente por el Espíritu Santo para conocer las cosas que le son dadas gratuitamente por Dios, puede alcanzarlas sin una revelación extraordinaria por el uso correcto de los medios; y por eso es el deber de cada uno ser diligente para asegurar su llamamiento y elección; para que su corazón se ensanche en la paz y én el gozo del Espíritu Santo, en amor y gratitud a Dios, yen la fuerza y alegría de los deberes de la obediencia; i son los frutos propios de esta seguridad.” Así de lejos está esta enseñanza de inducir a los hombres a la negligencia.

4. La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes puede ser, en diversas maneras, zarandeada, disminuida o interrumpida; por la negligencia en preservarla;’ por caer en algún pecado especial, que hiera la conciencia y contriste el Es 4 alguna tentación repentina o vehemente;’ por retirarles Dios la luz de su rostro, permitiendo aun a los que le temen que caminen en tinieblas, y que no tengan luz; sin embargo quedan destituidos de aquella simiente de Dios, y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos, de aquella sinceridad de corazón y conciencia del deber. De todo lo cual, por la operación del Espíritu, esta seguridad puede ser revivida en su debido tiempo;’ y por todo lo cual, mientras tanto, los verdaderos creyentes son preservados para que no caigan en la desesperación total.

 
‘Job 8:13,14; Mt. 7:22,23; 2 Jn. 2:3; 3:14,18,19,21,24; 5:13; 3 5:2,5; 4 6:11,19; 5 6:17,18; 62 P. 1:4,5,10,11; 7 8:15,16k Jn. 3:1-3; 9 50:10; Sal. 88; 77:1-12; Jn. 4:13; He. 6:11,12; ‘Ro. 5:1 2,5; 14:17; Sal. 119:32; ‘ 6:1,2; Tit. 2:11 12,14; ‘ 5:2,3,6; ‘ 51:8,12 14; ‘ 116:11; 77:7,8; 31:22; Sal. 30:7; ‘ Jn. 3:9; ‘ 22:32; 1bSai. 42:5,11; 20 3:26-31.
 
CAPITULO 19 - LA LEY DE DIOS
 

1. Dios dio a Adán una ley escrita en su corazón que demandaba su completa obediencia. También le dio una ley particular, es a saber, la de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.’ Por lo tanto, Adán y toda su posteridad están obligados a una obediencia personal, completa, exacta y perpetua; le prometió la vida por el cumplimiento de ella, y le amenazó con la muerte si la infringía; le dio también el poder y la capacidad para guardarla.

2. La misma ley que primeramente fue escrita en el corazón del hombre, continuaba siendo una regla perfecta de rectitud, aún después que Adán cayó en pecado; y como tal fue dada por Dios en el Monte Sinaí en diez mandamientos y escrita en dos tablas; los cuatro primeros mandamientos contienen nuestros deberes para con Dios, y los otros seis, nuestros deberes para con los hombres.

3. Además de esta ley, comúnmente llamada la ley moral, agradó a Dios dar al pueblo de Israel, leyes ceremoniales que contenían varias ordenanzas típicas; en parte de adoración prefigurando a Cristo, sus gracias, acciones, sufrimientos y beneficios; y en parte expresando diversas instrucciones sobre los deberes morales. Todas aquellas leyes ceremoniales habían de ser observadas, pero solamente hasta ser abrogadas en el Nuevo Testamento por Cristo Jesús, el verdadero Mesías y único dador de la ley, quien tenía el poder del Padre para terminar con dichas leyes.

4. A los israelitas también les dio algunas leyes judiciales, que expiraron juntamente con el estado de aquel pueblo, por lo que ahora no obligan a los otros pueblos. Los principios de equidad contenidos en estas leyes aún son válidos, no por estar en la ley de Moisés, sino en virtud de su carácter incambiable.

5. La ley moral obliga por siempre a todos, tanto a los justificados como a los que no lo están, a la obediencia de ella;’° y esto no sólo en consideración a la naturaleza de ella sino también con respecto a la autoridad de Dios, el Creador, quien la dio. Cristo, en el evangelio, en ninguna manera abroga esta le sino que refuerza nuestra obligación de cumplirla.

6. Aunque los verdaderos creyentes no están bajo la ley como un pacto de obras para ser justificados o condenados, sin embargo, es de gran utilidad tanto para ellos como para otros; ya que como una regla de vida les informa de la voluntad de Dios y de sus deberes, les dirige y obliga a andar en conformidad con ella, les descubre también la pecaminosa contaminación de su naturaleza, corazón y vida; de tal manera, que cuando ellos se examinan delante de ella, puedan llegar a una convicción más profunda de su pecado, a sentir humillación por él y un odio contra él;’ junto con una visión más clara de la necesidad que tienen de Cristo, y de la perfección de su obediencia. También la ley moral es útil para los regenerados para restringir su corrupción, puesto que prohibe el pecado; y las amenazas de ella sirven para mostrar lo que merecen aún sus pecados, y qué aflicciones puedan esperar por ellos en esta vida, aun cuando estén libres de la maldición y el rigor de la ley. Las promesas de ella, de un modo semejante, manifiestan a los regenerados que Dios aprueba la obediencia y cuáles son las bendiciones que deben esperar por el cumplimiento de la misma; aunque no se deba a ellos por la ley como un pacto de obras; así que, si un hombre hace lo bueno y deja de hacer lo malo porque la ley le manda aquello y le prohibe esto, no es evidencia de que esté bajo la ley, sino bajo la gracia.

7. Los usos de la ley ya mencionados no son contrarios a la gracia del evan sino que concuerdan armoniosamente con él; el Espíritu de Cristo subyuga y capacita la voluntad del hombre para que haga alegre y voluntariamente lo que requiere la voluntad de Dios, revelada en la ley.’

 
‘Qn. 1:27; Ec. 7:29; 2 10:5; 3 3:10,12; 4 2:14,15; ‘Dt. 10:4; ‘He. 10:1; Co. 2:17; 1 Co. 5:7; 8 2:14,16,17; Ef. 2:14,16; i Co. 9:8-10 ‘°Ro.13:8-10; Stg. 2:8,10-12; “Sta. 2:10,11; ‘ 5:17-19; Ro. 3:31; ‘ 6:14; Gá. 2:16; Ro. 8:1; 10:4; Ro. 3:20; 7:7; ‘ 6:12-14; ‘ 3:21; ‘ 36:27.
 
CAPITULO 20 - EL EVANGELIO Y SU ALCANCE
 

1. Ya que el pacto de obras ue violado por el pecado del hombre y fue rendido incapaz para dar vida, Dios en su misericordia prometió enviar a Jesucristo, quien sería nacido de mujer; y por medio de esta promesa los elegidos serían llamados, y la fe y el arrepentimiento serían obrados en sus corazones. En esta promesa, la substancia del evangelio se reveló como el medio eficaz para la conversión y salvación de los pecadores.

2. Esta promesa de Cristo y salvación en El es revelada a los hombres solamente por la Palabra de Dios. Cristo y su gracia no son revelados a los hombres en las obras de la creación o la providencia, ni por la luz de la naturaleza aunque sea en forma general u obscura. Mucho menos será posible que los hombres que no tienen la revelación de Jesucristo por la promesa del evangelio puedan llegar a fe salvadora y al arrepentimiento por estos medios.

3. La revelación del evangelio a los pecadores, tanto a naciones como a personas individuales, junto con las promesas y los preceptos que pertenecen a la obediencia del evangelio, ha sido dada en distintos tiempos y lugares según la voluntad soberana y el buen placer de Dios. La promesa de dar a conocer el evangelio no dependía del buen uso que los hombres pudieran dar a sus habilidades naturales, desarrolladas en medio de la luz común dada a todos, porque tal desarrollo nunca ha tomado, ni tendrá lugar. Por lo tanto, en todas las edades, el alcance que ha tenido el evangelio en su proclamación, sea en lugares amplios o más restringidos, ha sido a personas y naciones por medios variables según la voluntad del Dios todo sabio.

4. El evangelio es el (mico medio externo para dar a conocer a Cristo y la gracia salvadora a los hombres, y es completamente adecuado para este fin. Pero, para que los hombres que están muertos en sus pecados puedan nacer de nuevo, es decir, que sean regenerados y vivificados, algo adicional es necesario, es a saber, una obra eficaz, invencible del Espíritu Santo sobre cada parte del alma del hombre por la cual una nueva vida espiritual es producida. Nada menos de tal obra puede resultar en la conversión a Dios.

 
‘Gn. 3:15; 2 13:8; 3 1:17; 4 10:14,15,17; 5 29:18; Is. 25:7; 60:2,3; 6 147:20; 7 16:7; 8 110:3; 1 Co. 2:14; Ef. 1:19,20 °Jn. 6:44; 2 Co. 4:4,6..
 
CAPITULO 21 - LA LIBERTAD CRISTIANA Y LA LIBERTAD DE LA CONCIENCIA
 

1. La libertad que Cristo ha comprado para los creyentes que están bajo el evangelio consiste en su libertad de la culpa del pecado, de la ira condenatoria de Dios y de la severidad y maldición de la ley; y en ser librados de este presente siglo malo, de la servidumbre de Satanás y del dominio del pecado, del mal de las aflicciones, del temor y aguijón de la muerte, de la victoria del sepulcro y de la condenación eterna; como también en su libre acceso a Dios, y en rendir su obediencia a El, no por temor servil, sino con un amor filial y con intención voluntaria.

Todo lo cual era substancialmente común también a los creyentes bajo la ley; aunque bajo el Nuevo Testamento la libertad de los cristianos se ensancha mucho más porque están libres del yugo de la ley ceremonial a que estaba sujeta la iglesia judaica, y tienen ahora mayor confianza para acercarse al trono de gracia, y mayores participaciones del libre Espíritu de Dios que aquellas de las cuales participaron los creyentes bajo la ley.”

2. Sólo Dios es el Señor de la conciencia, y la ha dejado libre de los mandamientos y doctrinas de los hombres, las cuales son en alguna manera contrarias a su Palabra, o que no estén contenidas en la Palabra. Así que creer tales doctrines u obedecer tales mandamientos con respecto a la conciencia es traicionar la verdadera libertad de conciencia, y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta s destruir la libertad de conciencia y también la razón.

3. Aquellos que bajo el pretexto de la libertad cristiana practican algún pecado o abrigan alguna concupiscencia pervierten el propósito principal de la gracia del evangelio para su propia perdición,’ y destruyen, por esto, el propósito de la libertad cristiana, el cual es que siendo librados de las manos de nuestros enemigos, podamos servir al Señor sin temor, en santidad y justicia delante de El todos los días de nuestra vida. ‘

 
‘Gá. 3:13 2 1:4; 3 26:18; 4 8:3; 5 8:28 1 Co. 15:54-57; 2 Ts. 1:10; 8 8:15 9 1:73-75; 1 Jn. 4:18; ‘ 39,14; “Jn. 7:38,39; He. 10:19.21; hStg. 4:12; Ro. 14:4; ‘ 4:19,29; 1 Co. 7:23; Mt. 15:9; ‘ 2:20,22,23; ‘ Co. 3:5; 2 Co. 1:24; ‘ 6:1,2 17 5:13; 2 P. 2:18,21.
 
CAPITULO 22 – LA ADORACION RELIGIOSA Y EL DIA DEL SENOR

1. La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios que tiene señorío y soberanía sobre todo, es bueno y hace bien a todos, y que, por tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído, y servido con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas.’ Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios es instituido por El mismo, y está tan limitado por su propia voluntad revelada, que no se debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias de Satanás, bajo ninguna representación visible o en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras.

2. La adoración religiosa ha de tiarse a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a El solamente; no a los ángeles, ni a los santos, ni a ninguna otra criatura; y desde la caída, no sin algún mediador; ni por la mediación de ningún otro, sino solamente de Cristo.

3. La oración con acción de gracias siendo una parte natural de la adoración, la exige Dios de todos los hombres; y para que pueda ser aceptada debe hacerse en el nombre del Hijo, con la ayuda del Espíritu, conforme a su voluntad,’ con entendimiento, reverencia, humildad, fervor, fe, amor y perseverancia.Cuando se ofrece oración unida debe ser siempre en un idioma conocido.

4. La oración ha de hacerse por cosas lícitas, y a favor de toda clase de hombres que ahora viven, oque vivirán después;’ pero no de los muertos’ ni de aquellos de quienes se pueda saber que hayan cometido el pecado de muerte.

5. La lectura de las Escrituras, la predicación, y el escuchar la Palabra de Dios, la instrucción y la amonestación los unos a los otros por medio de salmos, himnos y canciones es el cantar con gracia en el corazón al Señor, y también la observación del bautismo y la santa cena: todas estas cosas son parte de la adoración religiosa a Dios que ha de ser hecha en obediencia a Dios, con entendimiento, fe, reverencia y temor de Dios. También, en ocasiones especiales, se de observar humillación solemne, con ayunos, y acciones de gracias en una forma santa y reverente.

6. Ahora bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa están limitadas a un lugar, ni son más aceptables por el lugar en que se realizan, o hacia el cual se dirigen; sino que Dios ha ser adorado en todas partes en espíritu y en verci tanto en lo privado en las familias diariamente, y en secreto cada uno por sí mismo; así como de una manera más solemne en las reuniones públicas, las cuales no han de descuidarse ni abandonarse voluntariamente o por negligencia, cuando Dios por su Palabra y providencia nos llama a ellas.

7. Así como es la ley de la naturaleza que en lo general una proporción de tiempo determinado por Dios se dedique a la adoración de Dios; así en su Palabra, por un mandamiento positivo, moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todos los tiempos, Dios ha señalado particularmente un día de cada siete, que sea guardado como un reposo santo para El; el cual desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo fue el último día de la semana y desde la resurrección de Cristo fue cambiado al primer día de la semana, al que se le llama en las Escrituras día del Señor y debe ser perpetuado hasta el fin del mundo como el día del reposo cristiano, siendo la observación del día séptimo abolida.

8. Este día de reposo se guarda santo para el Señor, cuando los hombres después de la debida preparación de su corazón y arreglados con anticipación todos sus asuntos ordinarios, no solamente guardan un santo descanso durante todo el día de sus propias labores, palabras y pensamientos acerca de sus empleos y diversiones mundanales; sino que también dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública privada, y en los deberes de caridad y de misericordia.



‘Jer. 10:7; Mr. 12:33 2 12:32; 3 20:4-6; 4 4:9,10; Jn. 5:23; Mt. 28:19; 5 1:25; Col. 2:18; Ap. 19:10; 6 14:6 i Ti. 2:5 8 95:1-7; 65:2 9 14:13 14; ‘°Ro. 8:26; “1 Jn. 5:14; ‘ Co. 14:16 17; ‘ Ti. 2:1,2; 2 S. 7:29; 142 S. 12:21-23; ‘ Jn. 5:16V 161 Ti. 4:13; Ti. 4:2; Lc. 8:18; ‘ 3:16; Ef. 5:19; ‘ 28:19,2O; Co. 11:26; 4:16; Ji. 2:12; Ex. 15:1-19; Sal. 107; Jn. 4:21; Mal. 1:11; 1 Ti. 2:8 24 10:2; Mt. 6:11; Sal. 55:17; 26 6:6; He. 10:25; Hch. 2:42; Ex. 20:8 1 Co. 16:1.2; Hch. 20:7; Ap. 1:10; °ig. 58:13; Neh. 13:15-22; 31 12:1-13.
 
CAPITULO 23 - JURAMENTOS LEGALES Y VOTOS

1. Un juramento lícito es una parte de la adoración religiosa por el cual el jurador, teniendo en vista la verdad, la justicia y el juicio, solemnemente pone a Dios como testigo de lo que jura, y para que le juz conforme a la verdad o la falsedad de sus palabras.

2. Sólo en el nombre de Dios deben jurar los hombres, y este nombre ha de usarse con todo temor santo y con reverencia. Por lo tanto, jurar yana o temerariamente en ese nombre glorioso y terrible, o definitivamente jurar por cualquiera otra cosa, es pecaminoso y debe aborrecerse. Sin embargo, en asuntos de peso y de importancia, cuando la verdad requiere una confirmación y para poner fin a la contiendas un juramento está justificado por la Palabra de Dios; por eso, cuando una autoridad legítima exija un juramento legal para tales asuntos, este juramento debe hacerse.

3. Todo aquel que hace un juramento de acuerdo a la Palabra de Dios debe considerar seriamente la gravedad de un acto tan solemne, y por lo tanto no afirmar nada que no sepa sea verdad, porque por medio de juramentos falsos y vacíos el Señor es provocado y por razón de ello una tierra es traída a miserias.

4. Un juramento debe hacerse en el sentido claro y común de las palabras, sin equivocación o reservas mentales.

5. Los votos han de ser hechos a Dios solamente y no a una criatura. Una vez hechos han de ser llevados a cabo escrupulosamente y fielmente. Pero votos monásticos de vida soltera perpetua, pobreza profesada’° y obediencia regular que pertenecen a la iglesia de Roma, en lugar de representar santidad superior son meramente supersticiones y trampas pecaminosas en las cuales ningún cristiano debería enredarse.

 
1 20:7; Dt. 10:20; Jer. 4:2; 22 Cr. 6:22,23 3 5:34,37; Stg. 5:12; 4 6:16; 2 Cor. 1:23; 5 13:25; 6 19:12 Jer. 23:10; 7 24:4; 8 76:11; Gn. 28:20-22; i Co. 7:2,9; ‘°Ef. 4:28; “Mt. 19:11.
 
CAPITULO 24 - EL GOBIERNO CIVIL
 

1. Dios, el supremo Señor y Rey de todo el mundo, ha instituido a los magistrados civiles para estar sujetos a El, gobernando al pueblo para la gloria de Dios y el bien público; y con este fin les ha armado con el poder de la espada, para la defensa y aliento de los que hacen lo bueno, y para el castigo de los malhechores.

2. Es lícito para los cristianos aceptar y desempeñar el cargo de magistrado cuando sean llamados para ello; en el desempeño de su cargo deben mantener especialmente la justicia y la paz, según las leyes sanas de cada reino y estado; así con este fin, bajo el Nuevo Testamento, pueden legalmente ahora hacer la guerra en ocasiones justas y necesarias.

3. Como los gobernantes civiles son puestos por Dios con los propósitos ya mencionados, los cristianos están sujetos a ellos en los requisitos legales, y esto por causa del Señor y de la conciencia y no meramente para evitar castigo. Debemos ofrecer suplicaciones y oraciones a favor de los reyes y de los que están en autoridad, para que bajo su gobierno podamos vivir quieta y reposadamente en santidad y honestidad.

 
‘Ro. 13:1-4; 1 P. 2:13,14; 22 S. 23:3; Sal. 82:3,4; Lc. 3:14; 4 13:5-7; 1 P. 2:17; i Ti. 2:1,2.
 
CAPITULO 25 - EL MATRIMONIO

1.El matrimonio ha de ser entre un hombre y una mujer; no es lícito para ningún hombre tener más de una esposa, ni para ninguna mujer tener más de un marido, al mismo tiempo.’

2.El matrimonio fue instituido para la mutua ayuda de esposo y esposa; para multiplicar la raza humana por generación legítima y para prevenir la impureza.

3.Es lícito para toda clase de personas casarse con quien sea capaz de dar su consentimiento con juicio; sin embargo deber de los cristianos casarse solamente en el Señor. Y por lo tanto los que profesan la verdadera religión no deben casarse con los incrédulos o idólatras; ni deben, los que son piadosos, unirse en yugo desigual, casándose con los que son perversos en sus vidas o que sostienen herejías detestables.

4. El matrimonio no debe contraerse dentro de los grados de consanguinidad o afinidad prohibidos en la Palabra de Dios, ni pueden tales matrimonios incestuosos legalizarse por ninguna ley de hombre, ni por el consentimiento de las partes, de tal manera que esas personas puedan vivir juntas como marido y mujer.

 
‘Gn. 2:24; Mál. 2:15; Mt. 19:5,6; 2 2:1& 3 1:28; 4 Co. 7:2,9; 6 13:4; 1 Ti. 4:3; 6i Co. 7:39; 7 8 18; 9 6:18; lCo5
 
 
CAPITULO 26 - LA IGLESIA

1. La Iglesia católica o universal, que es invisible (en respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia), se compone de todo el número de los elegidos que han sido, son y serán reunidos en uno bajo Cristo, la Cabeza de ella; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de Aquel que llena todo en todo.

2. Todas las personas a través del mundo que profesan creer en el evangelio y que rinden obediencia evangélica a Dios por Cristo, son y pueden ser llamados santos visibles, mientras que no muestren que su profesión sea yana al mantener errores fundamentales o al vivir vidas impías. De tales personas todas las iglesias locales están compuestas.

3. Las iglesias más puras bajo el cielo están expuestas a errar y a corromperse, y algunas han degenerado tanto que han venido a no ser iglesias de Cristo sino sinagogas de Satanás. Sin embargo, Cristo siémpre ha tenido un reino en este mundo compuesto de aquellos que creen en El y que profesan su nombre. Siempre tendrá ese reino hasta el fin del mundo.

4. El Señor Jesucristo es la Cabeza de la Iglesia. Por el designio del Padre, toda autoridad requerida para el llamado, el establecimiento, el orden y la gobernación de la Iglesia está suprema y soberanamente investida en Cristo.

5. En el ejercido de la autoridad que le ha sido confiada, el Señor Jesucristo, a través del ministerio de la Palabra y su Espíritu, llama a sí mismo del mundo aquellos que han sido dados a El por el Padre para que vivan en su luz, rindiéndole la obediencia prescrita por El en la Escritura. El ordena a estos llamados a formar sociedades particulares, o iglesias, que promuevan su bien común y a participar en la adoración pública que El requiere que ellos lleven a cabo mientras estén en el mundo. 10

6. Los miembros de estas iglesias son santos por razón del llamado divino, y en una forma visible ellos demuestran y declaran, tanto por su confesión de Cristo como por su manera de vivir, que ellos obedecen el llamado de Cristo. Ellos voluntariamente consienten a tener comunión juntos de acuerdo a las instrucciones de Cristo, dándose a sí mismos al Señor y el uno al otro según Dios ordena, y dando entero consentimiento a los requisitos del evangelio. 12

7. A cada una de estas iglesias, unidas conforme a la voluntad divina revelada en la Palabra, el Señor ha dado todo el poder y autoridad para llevar a cabo la forma de adoración y disciplina que El ha designado para su observación. También ha provisto mandatos y reglas necesarias para el propio y correcto uso del poder conferido a las iglesias.’

8. Una iglesia local, unida y organizada de acuerdo a la mente de Cristo, consiste de miembros y líderes u oficiales. Según el mandamiento de Cristo, estos oficiales, que son escogidos y apartados por la iglesia, son llamados obispos o ancianos y diáconos. Es su particular responsabilidad velar por el cumplimiento de loquee! Señor ha ordenando y usar los poderes confiados a ellos para la ejecución de su deber. Tal arre ha de continuar en la Iglesia hasta el fin del mundo.

9. Por designio de Cristo, cualquier persona que ha sido cualificada y que ha recibido los dones necesarios del Espíritu para la obra de anciano en la iglesia, debe ser llamad? a ese oficio por común acuerdo de la misma iglesia. Debe ser apartado a esta obra por ayuno y oración con la imposición de manos de los ancianos existentes,’ si es que hay, y finalmente los diáconos han de ser escogidos por la voluntad común de la iglesia y apartad a esta obra por la oración y la imposición de manos.

10. A los pastores se les requiere dar constante atención al servicio de Cristo en sus iglesias; han de estar ocupados en el ministerio de la Palabra, en oración y en buscar el bien de las almas de los hombres, como aquellos que han de d cuenta al Señor. Es imperativo pues, que las iglesias a quienes ellos ministren les den, según la habilidad de la iglesia, no solamente todo el honor debido sino tal abundancia de los bienes materiales de este mundo que les capacite a vivir sin la necesidad de enredarse en empleo secular, y aquello que les capacitar a ejercer hospitalidad hacia los demás. Tal arreglo es requierido por la ley de la naturaleza y por el mandato claro del Señor Jesucristo, quien declaró que los que predican el evangelio han de vivir del evangelio.

11. Aunque es el deber de los ancianos o los pastores de las iglesias, según su oficio, estar constantemente activos en la predicación de la Palabra, sin embargo, tal obra no ha de ser considerada como limitada a ellos nada más, porque el Espíritu Santo puede capacitar a otros para la misma obra dándoles los dones necesarios. En este caso, cuando tales hombres son aprobados y llamados a la obra por la iglesia, deben y pueden desempeñar este trabajo.

12. Todos los creyentes están bajo la obligación de unirse a una iglesia local cuando y en donde tienen la oportunidad de hacerlo. También signe que todos aquellos que son admitidos a los privilegios de la comunión de la iglesia vienen a estar sujetos a la disciplina y gobierno de la iglesia de acuerdo a la ley de Cristo.

13. Cualquier miembro de la iglesia que ha sido ofendido por el mal comportamiento de otro dentro de la iglesia y que ha obedecido las instrucciones dadas en las Escrituras referente a tales casos, debe refrenarse de estorbar la paz de la iglesia y evitar ausentarse de las asambleas de la iglesia y de la administración de las ordenanzas a causa de la ofensa del hermano. Debe esperar en Cristo dentro de los procedimientos de la iglesia.

14. Todos los miembros de la iglesia local han de orar continuamente para el bien y la prosperidad de todas las iglesias de Cristo dondequiera estén, y en toda ocasión ayudar a otros creyentes dentro de los límites de sus ‘areas y llamados en el ejercicio de sus dones y gracias. Consecuentemente, las iglesias deberían buscar compañerismo las unas con las otras, según la providencia de Dios permita la oportunidad de tal disfrute de estos beneficios, para el aumento de su amor, paz y edificación.

15. Cuando hay diferencias o dificultades respecto a la doctrina o el gobierno de la iglesia, y su paz, unidad y edificación son arriesgadas, puede ser afectada una o más iglesias. Igualmente, uno o más de los miembros pueden ser heridos por procedimientos disciplinarios que no están de acuerdo a la verdad y al orden de la iglesia. En tales casos como estos, es según la mente de Cristo que muchas iglesias, teniendo comunión entre sí, puedan juntarse y conferir a través de sus representantes escogidos quienes podrán dar su consejo sobre los asuntos en disputa a todas las iglesias envueltas. Debe ser entendido, sin embargo, que los representantes congregados no tienen poder eclesiástico ni jurisdicción sobre las iglesias para ejercer disciplina sobre ellas o sus miembros, o para imponer sobre ellas sus decisiones.

 
‘He. 12:23 Col. 1:18 1:10 22 23 5:23 27 32.21 Co. 1:2;Hch. 11:26; 3 1:7;Ef. 2:20-22; Co. 5; Ap. 2y 3; Ap. 18:2; 2Ts.2:11-12; 16:18; Sal. 72:17; 102:28; Ap. 12:17; 7 1:18; Mt. 28:18-20; Ef. 4:11 12; 8 10:16; 12:32; 9 28:20; ‘°Mt. 18:15-20; “Ro. 1:7; 1 Co. 1:2; %2Hch. 2:41-42V 5:13,14; 2 Co. 9:13; ‘ 18:17,18; 1 Co. 5:4,5; 5:13; 2 Co. 2:6-& ‘ 20:17,28; Fil. 1:1V 16 14:23; 161 Pi. 4:14 Hch 6:3 5 6; IbHch. 6:4 He. 13:17; ‘ Ti. 5:17,1 20 6:6,7; 21 3:2; Co. 9:6-14; 11:19-21; 1 P.4:10,11; 1 Ts. 5:12-14; 2 Te. 3:6,14,15; Mt. 18:15-17; Ef. 4:2,3; 26 6:18; Sal. 122:6; Ro. 16:1,2; 3 Jn. 8-10; Rch. 15:2,4,6,22,23,25; 2 Co. 1:24; 1 Jn. 4:1..
 
CAPITULO 27 - LA COMUNION DE LOS SANTOS

1.Todos los santos están unidos a Jesucristo, su cabeza, por su Espíritu y la fe. Aunque esto no quiere decir que vienen a ser una persona con El, sin embargo, participan con El en sus gracias, sufrimientos, muerte, resurrección y gloria;’ y estando unidos los unos con los otros en amor, tienen comunión los unos en los dones y gracias de los otros, y están obligados a cumplir los deberes públicos y privados para bien mutuo, tanto en el hombre interior como en el exterior.

2. Los santos, por su profesión, están obligados a mantener entre sí un compañerismo y comunión santos en el culto de Dios y en el cumplimiento de los otros servicios espirituales que tienden a su edificación mutua, así como a soccorerse los unos a los otros en las cosas temporales según su posibilidad y necesidad. Según la regla del evangelio, este tipo de comunión, aunque particularmente se refiere a la familia y las iglesias, no obstante, esta comunión debe extenderse, según Dios presente la oportunidad, a toda la casa de la fe, es decir, a todos los que en todas partes invocan el nombre del Señor Jesús. Sin embargo, la comunicación que tienen los santos unos con otros, ni quita ni destruye el título o la propiedad que cada hombre tiene sobre sus bienes o posesiones.

 
‘1 Jn. 1:3; Jn. 1:16; Fil. 3:10; Ro. 6:5,6; 2 4:15,16; 1 Co. 12:7; 3:21-23; Ts. 5:11,14;Ro. 1:12; 1 Jn. 3:17-18;Gú. 6:10; 10:24,25; 3:12,13; 5 11:29-30 6 6:4; i Co. 12:14-27 8 5:4; Ef 4:28..
 
CAPITULO 28 - EL BAUTISMO Y LA SANTA CENA

1. El bautismo y la cena del Señor son ordenanzas que han sido explícita y soberanamente instituidas por el Señor Jesús, el único dador de la ley, quien ha designado que han de ser continuadas en su Iglesia hasta el fin del mundo.

2. Estas ordenanzas santas han de ser administradas solamente por aquellos autorizados y llamados a hacerlo, según la ordenanza de Cristo.

 
‘Mt. 28:19-20; 1 Co. 11:26; Mt. 28:19-20; 1 Co. 11:26 2 28:19; 1 Co. 4:1..
 
CAPITULO 29 - EL BAUTISMO

1. El bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento instituida por Jesucristo. Para la persona bautizada sirve como señal de su comunión con Cristo en su muerte y resurrección, de su unión a Cristo, de la remisión de sus pecados, y de su sumisión a Dios por Jesucristo para vivir y andar en novedad de vida.

2. Las únicas personas que pueden correctamente someterse a esta ordenanza son aquellas que actualmente profesan arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo, teniendo el sincero deseo de obedecerle.

3. El elemento exterior que debe usarse en esta ordenanza es el agua, en el cual es bautizada la persona creyente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
4. Para administrar correctamente esta ordenanza es esencial que la persona sea sumergida dentro del agua.

 
1Ro. 6:3.5; Col. 2:12; Gá. 3:27; 2 1:4; Hch. 22:16; 3 6:4; 4 16:16; Hch. 8:36,37; 2:41; 8:12; 18:8; 5 28:19,20; Hch. 8:38; 63:16; Jn. 3:23.
 
CAPITULO 30 - LA CENA DEL SENOR

1. La cena del Señor fue instituida por el Señor Jesucristo la misma noche en que fue entregado, para que se observara en su iglesia hasta el fin del mundo, para un recuerdo perpetuo y para mostrar el sacrificio de sí mismo en su muerte. También fue üistituída para confirmar la fe de los creyentes en todos los beneficios de ella, para su alimentación espiritual y crecimiento en El, para un mayor compromiso en y hacia todas las obligaciones que le deben a Cristo y para ser un lazo y una prenda de su comunión con El y de Su mutua comunión.

2. En esta ordenanza Cristo no es ofrecido a su Padre, ni se hace ningún verdadero sacrificio por la remisión del pecado de los vivos ni de los muertos; sino que solamente es un memorial del único ofrecimiento de sí mismo y por sí mismo en la cruz, una sola vez para siempre, y una ofrenda espiritual de la mayor alabanza posible a Dios a causa de esto. Así que el sacrificio papal de la misa, como ellos lo llaman, es enteramente abominable e injurioso al único sacrificio de Cristo, la única propiciación por todos los pecados de los elegidos.

3. El Señor Jesús, en este ordenanza, ha designado a sus ministros que oren y bendigan los elementos del pan y del vino, y que los aparten así del uso común para el servicio sagrado; que tomen y partan el pan, y beban de la copa y (participando ellos mismos), den de los dos elementos a los comulgantes.

4. El negar la copa al pueblo, el adorar los elementos, el elevarlos o llevarlos de un lugar a otro para adorarlos y el guardarlos para pretendidos usos religiosos; todo esto es contrario